Que se quite el vacío
que hay entre tu perfume y el motor de mis latidos.
Y que se quite el elefante
que está pero no se ve, entre tu boca
y mis ganas salvajes de besarte.
Deja que dibuje tu mirada con palabras,
deja que este cuaderno te sirva como espejo,
para que te quites así, de una vez por todas
esa nostalgia del presente que emborrona tu cara,
frías cadenas que me impiden que te bese.