lunes, 11 de marzo de 2013

Sinfonía número 5

La vida no es un río que va a parar a la mar,
no, es bastante diferente, me atrevo a decir.
Y es que la vida es en realidad un océano 
o un infinito mar de fuego y magia.

Sí, la vida es fuego y magia

Y es fuego
porque sin darnos cuenta
todo prende y arde, incluido el tiempo
(que del calor a veces se congela)
y en cuanto a la magia no está sino en el morir cada día en el fuego,
y en el placer de saber que sin embargo, 
como aves fénix, nos seguiremos moviendo.

Porque la vida es un oceano
(y conocer esto es una ventaja)
pues qué mejor forma de vivir sin miedo 
que viajar sin destino ni rumbo,
teniendo solo a nuestro corazón por bandera,
y viajar así a nuestra manera
volviendo al principio cuando queramos
o tocar, si encontramos, y quedarnos en tierra.

No, la vida no es un río que va a parar a la mar
no seamos así de lineales y deterministas
que poco, o más bien nada, hay definitivo
en un mundo tan redondo como este,
que entre tantas llamaradas,
sin embargo se mueve.

Musa

¿Cómo quieres que escriba
un poema de más de cuatro versos
si mi cabeza permanece a la deriva?
¿Cómo pretendes que me inspire
si entre los barros más espesos,
a la sombra de tu ausencia,
solo, a la nada, esto se dirige?

Porque si quieres que escriba
un poema de más de cuatro versos
y sacar así mi cabeza de la deriva
o si quieres que me inspire
para que salga del barro más espeso,
solo te pido que te acerques aquí
porque yo soy yo y tus besos.

domingo, 3 de marzo de 2013

El tiempo se estanca

Lo bello es aquello que por muy pequeño que sea,
es capaz de congelar el tiempo
acabando así con la nostalgia del presente,
haciéndote sentir vivo
y que fuera de ese momento, 
lo demás solo sea muerte.

Entonces 
te miro a los ojos,
y siento que reloj y latidos se paran.
Y a cámara lenta sonrío.
"Hagamos belleza" -te pido-
juguemos con el tiempo
y que esta gloria sea infinita 
en los pocos segundos que dure.

Nada más necesito.

viernes, 1 de marzo de 2013

Leones

El caos reinaba las calles, el mayor miedo de la gente se había hecho realidad: Los leones habían escapado. Escandalizado, el alcalde ordenó la recaptura de todas las fieras pero era demasiado tarde, los leones ya paseaban tranquilamente por las casas de todos aquellos que habían huido. Y por eso los leones pudieron vivir solos y en paz sin mayor cárcel que su propio horizonte. Nunca nadie supo que las jaulas habían sido construidas para que finalmente estos pudieran escapar.

lunes, 25 de febrero de 2013

La caída

El viento era insoportable, por lo que abrió los ojos para conocer la terrible verdad, estaba cayendo por un eterno abismo hacia lo desconocido. No era que no recordase donde estaba, sino más bien porque por sus ojos no veía nada, solamente la densa e infinita oscuridad. La luz en ese mundo y en ese momento no tenía más cabida que en las lagunas de su memoria. Solo podía deducir una cosa: simplemente caía y caía.

Ya despierto, en una primera instancia, nada salía de su cabeza salvo unos gritos, unos gritos ahogados por el  fuerte viento, producto de ese aparente descenso eterno hacia la incertidumbre. Más tarde, ya algo más relajado, intentó razonar su situación como la velocidad de caída, pero esta era lógicamente incalculable e inútil y, además su condición de escritor frustrado solo hacía que de su mente prácticamente solo saliesen metáforas baratas como "mar de petroleo u océano de perdición". 

Todo esto tenía gracia porque poco y nada líquido había en aquel negro entorno. Y mientras tanto caía y el viento secaba su boca que necesitaba ser cada vez más hidratada. Además, por si fuera poco, más débil se encontraba a medida que bajaba y descendía hacia la oscuridad. Moría mientras caía y a medida que caía y caía, peor y peores pensamientos razonaba. Llegó incluso a no estar muy seguro de que finalmente llegase vivo a ese suelo, de piedras o cualquier otra cosa que le esperase en su destino fatal.

Ya no pensaba, ya poco sentía y mientras tanto caía y caía, hasta que finalmente cayó, inconsciente y dormido. 

Cayó para despertar con un roce en sus labios, para despertar con un beso de esos que resucitan y que desde las profundidades te hacen caer hacia arriba, hacia la vida.