viernes, 22 de marzo de 2013

Martillo y cincel

Era cierto, Miguel Ángel Buonarotti  veía la obra final antes de empezar a tallar el bloque. Cuentan que en 1509, tras un encargo, escogió un bloque de la cantera que iba a tallar y que le iba a dar la forma de Moisés para la tumba del papa Julio II.

Y así pasó semanas, día y noche, golpeando a la piedra para dar resultado a aquel coloso de mármol que majestuosamente portaba la tablilla con los diez mandamientos. Tan perfecta y real resultó la estatua que sintió que la única cosa que le faltaba por extraer de aquel bloque de mármol era la propia vida. Emocionado, cogió entonces el martillo y le golpeó con toda su alma en la rodilla.

"¡¿Por qué no me hablas?!" Gritó, casi llorando.

Y la mirada del Moisés permaneció inmóvil, impasible, fijada en su creador. Entonces, aun con los ojos húmedos, Miguel Ángel cogió el martillo y el cincel y se marchó del taller, consciente de no haber dejado atrás más que un bloque de mármol tallado, muchas horas de trabajo y poco más.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Azahar

Y de entre tanto humo húmedo y negro,
el muchacho notó un pequeño vestigio
como un mínimo gran presagio,
que le iba a salvar del helado fuego.

De repente, por capricho de la naturaleza
descubrió el aroma del azahar,
un milagro entre las llamas, 
un superviviente extremo
que ha llegado para quedarse,
como estandarte de la gloria
y de aquello que es bueno.

...

No queda mucho tiempo,
Apuremos un ultimo chupito
y las últimas lágrimas del invierno
que lo mejor está por llegar...
y créeme, nada está menos lejos.

martes, 19 de marzo de 2013

Ni el cantar de los ruiseñores
ni el caminar de los vecinos
hacen tanto como el blanco
que todo lo inunda desde la ventana
ahogando los sueños en la claridad,
desnudando la mano que me acaricia el pecho
y resucitando esos ojos que, fijos, me observan.

Amanece, que no es poco
y te despiertas (que lo es todo).
Dame un tema, y te escribo una historia;
dame una sonrisa, y te susurro un poema;
dame un beso, y te describo la gloria;
dame una noche, y te devuelvo la magia;
y no me des nada, me basta mi memoria.

viernes, 15 de marzo de 2013

Agua

Y miles de kilómetros separan ya a este chico
que navega por el profundo océano
de aquel otro, que sigue en el muelle cortado,
en aquel puente a la nada,
al costado del río con caña y sin cebo
esperando a que en el agua, algo se mueva.


                                    De espaldas tan semejantes;
                                                                                   de miradas tan diferentes.

                                         A estas alturas ya eran íntimos desconocidos.