lunes, 11 de junio de 2012

Discurso del árbol

Desde nuestras profundas raíces hasta el verdor de nuestras copas, queremos dar un mensaje a aquellos seres de a pie, que os movéis de un sitio a otro para seguir deteriorando nuestro mundo paso a paso, zancada  a zancada. A aquellos seres parlantes, que habláis sin saber escuchar menos que nosotros, que no podemos escuchar. A aquellos seres mentirosos que nos profanáis y nos amputáis con una vida justo después de darnos un abrazo... A vosotros, seres humanos.


El mundo os pertenece, por encima de nuestras raíces arrancadas. Hacéis lo que queréis cuando no sois capaces de respirar sin nuestra presencia. Seres dependientes de todo que necesitáis todo para vivir una vida irrisoriamente corta y vacía. Os creéis los primeros cuando nosotros ya contemplamos el perecer de los otros conquistadores anteriores. Pues no sabéis que nos hemos hecho con el control de vuestros vestigios abandonados y os lo hemos ocultado solo porque nos gusta contemplar como os perdéis entre nosotros, sois diminutos. Ignoráis que somos más, aunque cada vez seamos menos. Vagáis perdidos en la oscuridad sin saber que os observamos, y en silencio, os espiamos. 

Todo lo que callamos lo esperamos; sabemos cual es el futuro, sabemos cual es la verdad. Estamos preparados para que un brote verde emerja de vuestros restos.
Respetadnos.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Vete

Me negué quererle ver,
entremete pestes.
Tenerle enfrente
es menester que me enerve
¿En qué se mete?
Me repele.
Debe ceder,
merece perecer.

Pelee,
que Jerjes le dé de revés.
Erre en el querer
¿Decente pretende ser?
Gente de plebe,
mequetrefe,
mente de pez,
¡En heces le enterré!

Espérese ser el res del mes,
el deber de ver ese entremés
de este jefe debe ser.

¿Cree vencer?
Rece en Hermes,
en Deméter,
el perder le pertenece.

Vete.

martes, 22 de mayo de 2012

La L

Sea después de unos cuantos intentos, o sea a la primera, tarde o temprano acabas colocando la "L" en el coche con el mismo orgullo. De pronto sientes que las fronteras del mundo se achican considerablemente al poder transportarte a tu voluntad a una velocidad bastante mayor que la de tus simples piernas. Dejas de ser de carne y te conviertes en un cyborg con chasis de acero, ruedas de goma y sonido envolvente. Te sientes mejor, más seguro y más poderoso al formar parte de una simbiosis perfecta humano-máquina. El mundo te pertenece. Ya eres mayor. Y eres más libre. Tienes la "L".


Pero lo que ignoras, es que sea después de unos cuantos intentos, o sea a la primera, tarde o temprano acabas colocando la "L" en el coche con el mismo miedo. De pronto sientes que las fronteras del mundo se achican peligrosamente al poner en peligro tu supervivencia y el perfecto estado de tu caro vehículo. Dejas de ser de carne y te conviertes en un débil huevo que puede estallar al mínimo roce con el exterior. Te sientes cada vez más ansioso y te preocupas más por el estado tu automóvil que por la película que estás viendo con tu chica en el cine. No conforme con esto, te das cuenta de que todos tus pensamientos ecologistas se han ido al garete, ya que ahora eres un hipócrita que abusa de su transporte privado tanto, que lo utiliza hasta para ir a comprar el pan. Por si fuese poco gracias a ITV, gasolinas y seguros, el descenso del nivel de tus riquezas siguen una linea inversamente proporcional al tamaño de tu culo, producto de una vagancia y sedentarismo in crescendo. Pero no pasa nada. El mundo te pertenece. Ya eres mayor. Y más libre. Tienes la "L".

La "L" de lerdo.

lunes, 21 de mayo de 2012

Física

Sucedió en inglaterra, en verano de 1665.

Dos jóvenes conversaban tranquilamente en el jardín a la sombra de un gran árbol. De repente, a uno de ellos, le cae una manzana en la cabeza. El desafortunado, un chico llamado Isaac, en vez de soltar un gesto de dolor o sorpresa, exclamó un famoso "Eureka". Y es que fue ahí cuando se dio cuenta de que la fuerza que atraía la manzana hacia el suelo y la que mantenía a la luna en la órbita terrestre no era sino que la misma. Había unificado en un solo paso al cielo con la tierra en una teoría que llamó gravedad. 
Murió sin tener idea de como funcionaba.



Sucedió en Escocia, a mediados del siglo XIX.

De excursión en medio de la montaña, un hombre barbudo marchaba apurado en dirección a casa debido a que se encontraría en mitad del epicentro de una tormenta inminente. Como la oscuridad y la bruma hacía imposible la orientación sacó su vieja brújula que siempre llevaba para orientarse, aun conociendo bien el terreno. Al comprobar en qué dirección se hallaba el norte, un enorme rayo llenó de luz el cielo captando la atención de todo. De todo menos de sus ojos, que miraban atónitos como su brújula empezó a bailar alocadamente cada vez que aquellos rayos aparecían. Fue en ese instante cuando James Clark Maxwell descubrió que la electricidad y el magnetismo no eran más que dos partes de una misma fuerza.



Sucedió en EEUU, en 1968

Al final de una clase, al joven Leonard Susskind le muestran en la pizarra una vieja ecuación, la cual había sido recientemente instrumento de un descubrimiento muy importante. Obsesionado con esta, Leonard se encierra en su ático convencido de que se puede extraer algo más de dicha fórmula. De esta forma, dos meses más tarde, Susskind descubre que esa ecuación tan importante describía unas partículas con una estructura interna diferente. Estas partículas internamente vibraban,  mostraban un comportamiento que no  se limitaba al de una partícula puntual, sino que se trataba de una cuerda, una goma que ondeaba. De esta manera redactó un artículo y lo envió para que este descubrimiento revolucionario sea publicado. En él expresa la posibilidad de unir las dos teorías más elementales -la relatividad y la mecánica cuántica- bajo un mismo techo, su "teoría de cuerdas". Esperando ser reconocido como "el nuevo Einstein", recibe la contestación:

Este artículo no es demasiado bueno, será mejor no publicarlo.

El champan caro que compró para la celebración acabó ahogando sus penas.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Arena, ceniza y polvo

Tumbado en la arena, reuní fuerzas para incorporarme y divisar el mismo
paisaje que ya había contemplado una y otra vez. El polvo y la humareda
que todo lo reinaba, no eran más que pedacitos de lo que fue mi vida antes
de estar en este oscuro lugar. Mis labios sentían la nostalgia del tacto
húmedo del agua. Mis labios sentían la nostalgia de la corriente de la vida,
tus besos.

Arena ceniza y polvo. Y la ceguera molesta de las partículas que habían
rebotado en la retina como si de pelotas de tenis se tratasen. Tantas lagañas
lamentablemente habían sido producidas en vano.

Y me vuelvo a tumbar y siento que me atraganto con la arena, que va secando
aun más mi boca secada. La cierro y empiezo a aferrarme a mis recuerdos,
a mis fantasmas y fue ahi cuando supe que tumbado poco arreglaría, así que
me reincorporé para descubrir una vez más semejante paisaje que esta vez
algo de diferente tenía.

Arena ceniza y polvo... y mis recuerdos. Recuerdos que por primera vez, eran
casi palpables. Y empecé a bracear al vacío para intentar llegar a tocar a uno y
descubrí así que las moléculas reaccionaban a mis movimientos. Entonces empecé
a aprender a manipular las partículas para intentar recalcar lo tanto perdido.

Fue así como volví a saborear la tarta de mi décimo cumpleaños, como
volví a sentir la inocencia de mi primer beso y como reviví el poseer en brazos
a mi hijo, recién nacido. Pero eso no era todo, porque descubrí que yo también
era manipulable.

Y empecé a jugar, desintegrando átomos de mi propio cuerpo, empezando a
moldear cual alfarero una escultura que avanzaba sola. Comprendí al instante lo
que tenía que hacer. Mezclé y fusioné particulas propias con las flotantes y cree
otras nuevas para dar forma a mi última obra maestra. 

Y es que desordené átomos míos para hacerte aparecer, para hacerme desaparecer.