lunes, 17 de febrero de 2014

Juego de pies

Desde cualquier ventana, como aquella de allí, se le puede ver cada tanto pasar. No tiene ni hora ni lugar fijo, por lo que hay que estar muy atento para poder observarlo. Por si fuera poco este tipo es muy ágil, y a veces puede resultar muy fugaz, no todo el mundo es capaz de percibirlo. Pero tranquila, aun así siempre aparece y siempre está. Solo hace falta que tener un poco de paciencia para poder descubrirlo.

A mí me costó semanas encontrarlo, lo había visto de reojo, desde la ventana o desde la vasta lejanía, pero nunca coincidíamos en el lugar preciso. Sin embargo, en una tarde paseando por el parque, lo vi sentado en un banco, con sus gafas de sol, un libro y su bastón que porta siempre, apoyado a su costado en el asiento. No podía desaprovechar la oportunidad, así que me acerqué tímidamente para hacerle la pregunta que intrigaba a todo el mundo.

-¿Por qué le veo siempre bailando?


Dejó la lectura, y me esbozó una leve sonrisa. Apartó el bastón de su lado y me invitó a que me sentara junto a él, en el banco.

-Dime -me comentó después de un instante de silencio. -¿qué ven tus ojos ahora mismo?.

-El parque, con la ciudad de fondo.- le contesté algo sorprendido por la sencillez de su pregunta.

-Exacto, tú lo has dicho, la ciudad. Llevo varios años aquí, y te puedo decir que esta urbe tiene sus propias maravillas y algún que otro horror, pero gracias a todo esto es única... como pueden serlo todas las demás. En el fondo la mayoría de personas saben esto, pero nos empeñamos en acabar con las peculiaridades para que esta ciudad no se diferencie mucho d otra perteneciente al otro vértice del mundo.

-¿Por qué le veo siempre bailando?- Insistí.

El extraño me dirigió su mirada oculta, como si esperase mi insistencia. Después de una breve reflexión, de manera serena continuó con su discurso.

-Mira, más que un baile, lo considero como un juego de pies. De esta manera toco, acaricio y descubro una ciudad que merece ser mimada. Porque quiero a esta ciudad, pero la mayoría de vosotros la tratáis como si fuera invisible, como si fuera una más. Y es que la cambiáis constantemente para que sea como las demás en vez de dejar que sea esta quien os cambie a vosotros mismos para haceros únicos. Llevo tiempo contemplando la ciudad, y es ahora cuando puedo decir que la quiero como se puede querer a una mujer. Y como a una mujer, solo con el tacto, es como mejor y más cercano uno llega a conocer. Es algo que necesito, solo conociéndola, mejor me conozco a mí mismo. Me completo. Y aun con todo, sé que algún día me marcharé. No me considero monógamo, por lo que creo que llegará el momento en el que necesite encontrar algún otro gran amor de mi vida. Cuando llegue ese día, partiré triste, pero lo haré tranquilo y con la certeza de poder volver como se vuelve al primer amor. Yo no bailo -sentenció -, yo veo con los pies.

Y dicho esto, cogió su bastón y marcho con la gracia que siempre le caracterizó. Desde el banco, extrañado, le vi partir y tardé unos minutos en darme cuenta de que se había olvidado el libro que le acompañaba. Y, si te digo esto -aquí lo tienes -, es porque me gustaría que, cuando lo conozcas, se lo devolvieses. Seguro que te lo agradece eternamente, debe ser complicado encontrar libros como este escritos en braille.

viernes, 14 de febrero de 2014

Mi amigo el monitor

-Hey! Qué tal anoche?
+Hola! Anoche bien, nos juntamos todos y fuimos primero a beber a la casa del gallego...
-A lo de Pablu?
+Sí, ese mismo. Era la primera vez que iba a su casa.
-Y qué tal?
+Bien, muy bien la verdad: se habían reunido todos y había buen ambiente, pero después...
-Despues qué?
+Oh nada, había algo raro, en medio de la sala estaba puesta una conversación por skype.
-Con Jota?
+Sí! cómo lo sabías?
-Algo me contó él hace un rato, me dijo que se divirtió mucho.
+No te parece raro?
-Mantener una conversación por skype durante una reunión de amigos? claro que no. Me da pena por él, no sé, en su casa solo mientras vosotros estabais de fiesta...
+Sí sí, pero la cosa es que él también salió de fiesta.
-Ah bueno, ya sabes que en Berlín siempre hay cosas para hacer.
+No, me refiero a que "él también salió de fiesta" con NOSOTROS.


-... Qué?
+Llegado el momento, desconectaron el netbook de Pablu y, como tenía batería con independencia de 6 horas y un buen internet 3G, lo sacaron de fiesta.
-No puede ser...
+Íbamos todos muy borrachos, Jota incluído. El tío bebía vino al otro lado de la pantalla.
-Pero cómo hicisteis en los pubs? os dejaron pasar y eso?
+Aunque no te lo creas, no hubo ningún problema. Todo lo contrario, Jota fue el centro de la fiesta, todo el mundo quería hablar con él. Gracias a eso ligue y todo!
-Ya no eres como el aceite...
+No, ya no soy extravirgen.
-Y el ordenador de Pablu como terminó?
+No lo sé la verdad.
-Se lo llevó pronto a casa?
+Nono, mientras yo hablaba con la chica, a través del monitor, Jota lo hacía con una amiga de esta.
-No me digas qué...
+Sí, la amiga se llevó el portátil consigo.
-Y Pablu qué dice?
+Está conectado con el móvil, pregúntale. Yo me quito de esto, que llevo tres días sin avanzar nada con el trabajo. Ya hablamos!
-Ok, aprovecha. Yo sigo con lo mío.

lunes, 3 de febrero de 2014

5 centímetros por segundo

Como el continuo precipitar
de los pétalos del cerezo,
como aquel copo de nieve
que mojó ya lejanos besos.

Tan pausado como efímero,
otro escalofrío del tiempo.
A cinco centímetros por segundo,
así se me caen estos versos.

miércoles, 29 de enero de 2014

Yo respondo

-Dispara, que yo respondo.
+¿Qué vas a hacer con tu vida?
-Si el arte es libertad, entonces quiero hacer arte mi vida.
+Dispar-arte es lo que a veces desearía.
-Tú dispara, que yo respondo.
+¿Y si me disparo?
-¿Y si te beso hasta que se haga de día?
+Dispár-ame tú entonces. Yo también respondo.
-¿Te quedarías conmigo?
+Solo hasta que se haga de día.
-No esperaba mejor respuesta.

sábado, 25 de enero de 2014

Papeles

Érase una vez, un pueblo tan pobre, tan pobre que solo tenía papeles recortados. Estos papeles tenían un valor tan grande, tan grande que su precio era directamente proporcional al tiempo empleado por las personas del lugar para conseguir tan preciado bien.

Decían ser felices, pero un día de invierno todo cambió. Sin previo aviso, el valor de éstos  recortes se desplomó de tal manera, que muchos empezaron a  tener serios problemas para sobrevivir con los mismos papeles, que días antes les cubrían sus necesidades básicas. Sin embargo para esta gente, que no era tonta, lo peor llegó, en realidad, cuando se dieron cuenta de que no eran los papeles los que habían perdido el valor, sino que era el tiempo de sus vidas que habían destinado a conseguir esto, el que ya poco o nada valía. Entoces, abatidos, angustiados y frustrados, se juntaron en la plaza central para ver qué hacer ante esta catástrofe. Sin respuesta, el debate se alargó hasta la helada noche y, para continuar la charla, hicieron una hoguera quemando lo único que tenían.

En ese momento ni se enteraron pero, a partir de ahí, dejaron de tener frío.