jueves, 6 de mayo de 2010

Interludio: Entre exámenes

Entre examenes me encuentro,
vomito temario,
me lo vuelvo a tragar,
una vez digerido
vuelvo a evacuar.

La eterna cuenta atrás que te imponen y te obligan agobiado estar, pues según dicen, el agobio y el estrés es bueno y todo, aunque conozco mucha gente que murió por eso. La cuenta atrás de los estudios, del trabajo, de la familia, de la jubilación, de la muerte.

Entre examenes me encuentro,
vomito temario,
me lo vuelvo a tragar,
una vez digerido
vuelvo a evacuar.

Estudiar y estudiar, ¡qué buena nota has de sacar!. Sin nota no eres nadie, si no eres nadie no existes, si no existes mueres, y posiblemente mueres joven y sólo y se supone que a nadie le gusta morir joven y sólo. Bajo este calvario uno vive, uno se lo cree. Somos eso notas, notas y más notas.

Entre examenes me encuentro,
vomito temario,
me lo vuelvo a tragar,
una vez digerido
vuelvo a evacuar.

Y mañana dos finales más, finales, FINALES. "Esto se acaba" decían algunos educadores a diario, otros exclaman "se aproxima la recta final". Pero al acabar la temporada se quedan sin palabras pues nos han metido en su arte de agobiar, en su historia, una historia con un final muy pobre.

Entre examenes me encuentro,
vomito temario,
me lo vuelvo a tragar,
una vez digerido
vuelvo a evacuar.

Máquinas somos máquinas, de imaginación carecemos, o no se nos estimula, cada vez se nos guía hacia los intereses comunes de la sociedad, no se fomenta la creatividad.

Entre examenes me encuentro,
vomito temario,
me lo vuelvo a tragar,
una vez digerido
vuelvo a evacuar.

Estamos predestinados según la demanda de la sociedad. Nos presionan según sus intereses con salidas laborales, si te gusta algo sin apenas salida laboral no trabajarás. Si no trabajas serás pobre y si eres pobre posiblemente mueres y si mueres posiblemente mueres joven y sólo. Se supone que a nadie le gusta morir joven y sólo.

Entre examenes me encuentro,
vomito temario,
me lo vuelvo a tragar,
una vez digerido
vuelvo a evacuar.

La cuenta atrás a comenzado.

martes, 20 de abril de 2010

Adicto a morir

Me encanta morir, ayer morí unas cuatro veces. No puedo parar, es de esas cosas que te atrapan. Desde que empecé, creo que fallecí mas de cien veces. Morir es una droga, cuando me encuentro mal o aburrido en vez de beber, fumar o drogarme yo decido morir. Agradezco a la vida por este grandioso don que me han prestado.

La gente más cercana que conoce mi don, lo entiende como algo trágico que me condena. Lo que no saben es que no hay nada como morir, no saben como es la sensación de reírse de la Muerte que te observa detrás de una pared de cristal sin poder hacer nada. No sólo es el hecho de morir sino que también es el hecho de encontrar una muerte más original para obtener mayor satisfaccion una vez muerto. Por ejemplo, el otro día me tragué unas cuantas cajas de petardos y, después, me prendí fuego, el resultado fue brutal. Por supuesto que al cabo de un rato me materialicé otra vez, funciona así.

Alguna persona piensa que soy un milagro de Dios, otros piensan que soy el hijo de la Muerte y otros me piden que use mi don para el bien. ¿Pero, éstos últimos creen que voy a ayudar, por ejemplo, a capturar un ladrón si lo único que sé hacer es morir para vivir de nuevo? ¿Creéis que usaré mi don para ayudar a la sociedad?. Quizá en otra ocasión, pero hoy por hoy hago lo que quiero. ¿Irresponsable? Quizás, pero sólo tengo 16 años, me queda toda el tiempo del mundo por delante.

Hay veces que deseo dejar los estudios y dedicarme a morir y a vivir, pues ¿De que sirve estudiar ahora, si estudiar implica el trabajo y si el trabajo implica a vivir para no morir mientras yo tengo el don de vivir para siempre? Sigue pareciendo bastante irresponsable pero sé que tengo mucho tiempo parta madurar, demasiado.

He leído muchos relatos sobre lo que implica la mortalidad, y el sufrimiento que implica vivir toda la eternidad pero la gente no tiene ni idea de lo vivo y ¿Muerto? que se siente uno al morir. Quizás alguna vez hablaré o escribiré sobre esto en público, quizás me entregue a experimentos científicos, quizás busque el porqué de mi don pero hoy por hoy prefiero disfrutarlo.

Hay veces que me pregunto si ésta muerte será la última y si moriré definitivamente, pero me he muerto tantas veces que me da igual, ya sé lo que hay detrás de todo y no tengo miedo, y si algún día llegara mi hora definitiva, estaré preparado, mientras tanto me río de todo el mundo.

Sí, me río de todos vosotros y me río por no llorar. Yo seguiré viviendo mientras mis seres queridos fallecen y son pasto de los gusanos. Por eso me dedico a morir, muero para olvidar y me olvido para morir, muero para estar lejos, muy lejos y disfrutar. Me voy de este mundo unos segundos hasta que vuelvo a encontrarme aquí.

Me queda una eternidad de desgracias y pérdidas, pero es esa divina sensación de morir para volver a vivir lo que parece compensar la balanza de mi vida, es dicil de explicar...

Yo mientras tanto muero, muero y muero...Y me encanta.


FIN

sábado, 3 de abril de 2010

Memento Mori

Pasaron tres semanas desde que me mataste. Me acuerdo de ti, ya lo creo que sí, me acuerdo del alivio que te dio deshacerte de tu peor pesadilla de tu primer obstaculo hacia la autorealización. Me acuerdo de aquel vino de reconciliación envenenado que me serviste, me acuerdo de su marca. Me acuerdo de tu mesa tan bien preparada y mi última cena, esos exquisitos tallarines, me encantaron. Me acuerdo de que para postre había helado de chocolate, mi preferido, ¡Qué bien me conoces!. Me acuerdo de mis últimas palabras: "Yo prefiero la original de Espartaco". Me acuerdo de esa oscuridad que se apoderaba de mí y de esa luz que me impedía el paso hacia allí. Me acuerdo de tu meticuloso cuidado a la hora de esconder mi cuerpo. Me acuerdo de aquel policía que pasó justo delante de mí un número de doce veces y que no se dio cuenta de que sólo nos separaba 15 centímetros de madera de nogal. Me acuerdo de que se llamaba Erik y que tenía 3 hijos, uno de ellos iba al mismo colegio en el que yo estudié y que estaba a punto de tener la comunión...

Me acuerdo de una enorme infinidad de cosas más pero pasan y pasan los días, llevo tres semanas y todavía sigo comiéndome la cabeza (o lo que queda de ella), y por eso sigo aquí, en este martirio, viendo como soy pasto de los gusanos, porque no me acuerdo de cómo demonios se llamaba aquel maldito actor de Espartaco. ¿Era Sean Connery? No...

¡JODER!

jueves, 25 de marzo de 2010

Amanece en la ruta...

Después de tantos relatos y chorradas os dejo esta gran canción de el grupo argentino de los ochenta "Sueter". A disfrutar.




Cuidado al volante amigos

jueves, 18 de marzo de 2010

El Silencio

Silencio. Dicen que es el silencio lo primero y lo último que sentimos. Sinceramente lo veo lógico, puesto que el aparato auditivo es de lo último en desarrollarse y de lo primero en degradarse en el cuerpo humano, pero ¿El silencio sólo se limita a eso?.

Silencio. Es eso mismo lo que sentí en ese mismo momento. Sí, el silencio se siente, o por lo menos eso creo yo. El silencio puede ser de alguna manera la pureza, la claridad... Lástima que para la mayoría el silencio signifique soledad. Bueno, ruidos y palabreríos a parte, no se cómo, me encontré con Ur.

No me atrevo a determinarles su género pues nunca lo supe, sólo supe que se llama Ur, no sé porque. Este dichoso personaje me sugería una apariencia serena y calmada debido, creo, a lo que entiendo por silencio. Envuelto de una fría pero luminosa neblina no me dijo nada, ni siquiera su nombre. Apenas podía divisar su forma, no puedo describir con exactitud como era Ur pues yo nunca lo supe. Sólo puedo describir con exactitud aquel imperante silencio.

Silencio. Intenté hablar, pero aquel silencio era tan seductor... Era la primera vez en mi vida que me encontraba en absoluto silencio, en un tiempo donde el ruido y los altos decibelios mueven este exageradamente material mundo en el que vivo. Es curioso porque debo de ser el único ahora mismo que se ha pasado toda su vida buscando el silencio.

Silencio. Aquel silencio tan encantador empezó a desvanecerse cuando empecé a dudar. ¿Significa entonces que yo había fallecido y había regresado a la paz?¿Era Ur de otro planeta? ¿Podemos decir que sólo era una manifestación psíquica de mi deseo reprimido de silencio? ¿O se trataba de otro vano intento de soñar con el silencio pero que esta vez lo había logrado vagamente?.

El silencio se desvanece, volví a ohir ese dichoso ruido que nos envuelve siempre. Mi boca se liberó del embaucador silencio y grité ¡¿Oh, Ur quién eres y por qué te vas?!. Esperé y esperé y como respuesta obtuve el mismo silencio que había recibido hacía unos pocos minutos.

Fue ahí cuando descubrí que resulta en vano cuestionar al silencio en sí. Resulta en vano porque descubrí que no hace falta buscar explicación alguna al silencio, pues más allá de ser ausencia de ruido, el silencio es un sentimiento. Y si se marchó fue porque dejé de sentirlo. Llevo toda mi vida buscando el silencio pero fue en ese mismo momento cuando descubrí que siempre ha estado aquí, conmigo, con todos, aunque sea bajo el nombre de Ur. Por eso el silencio es un sentimiento, porque siempre nos ha acompañado, porque al fin y al cabo es de lo primero y último que poseemos y porque gracias al silencio podemos estar con nosotros mismos y empezar a pensar. Lástima que la mayoría lo ignore o rechace.

A partir de esa noche encontré por fin la tranquilidad.

Me voy con Ur. Buenas noches.