-Marco Rosso, ese es nuestro hombre. El reino de Florencia lo tiene entre los más buscados y ofrecen una gran recompensa, está aquí en una posada en el distrito comercial, lo quiero muerto esta noche.
· · ·
Era de noche. Estaba desahuciado, me habían robado y no sabía que hacer. Estaba sin dinero, amigos, familia, estaba sólo, sin nada. Y de repente me llaman a la puerta. Era ella.
Tendrías que haberla visto. Oh, ¡mamma mia!, era la mujer perfecta, una auténtica diosa y estaba ya dentro de mi habitación. Le dije que no esperaba a nadie, me contesta que me cayase, que esa noche ella era mía.
Una venus, exacto, una diosa. La acaricio, no había tocado una piel tan suave ni un cabello tan sedoso en mi vida. Le pregunté como se llama, me da un beso -con esto me mató jajaja.-, me dijo que no hable, me dijo que disfrute, me dijo que me amaba. No sé porque le creí, ¿Por qué no?.
Pasé la mejor noche de mi vida, por supuesto que no era la primera vez que follaba, pero sí era la primera vez que había hecho el amor, eso, auténtico amor. Nunca jamás nadie me había dado un beso tan apasionadamente, ningún amante me había tratado con tanto afecto, con tanto amor. Me sorprendí, me alegré y lo disfruté. Soñé con ella esa noche.
Al día siguiente, es decir, hoy, me despierto y no hay ni rastro de ella. Me eché a llorar, nunca había llorado tanto y menos había llorado tanto por una persona, pero lloré y lloré durante horas hasta quedarme deshidratado. Llegué a pensar que esa chica viene de mi imaginación, que todo era un sueño, un producto de mi subconsciente pero había personas que atestiguaban haberla visto conmigo. No sabía qué hacer y para colmo me había quedado sin dinero. Me pasé todo el día buscándola pero no había ni rastro de ella, y eso que esta ciudad no es muy grande. Nada. Volví resignado a la posada y tuve que volver mentirle al pobre de Sergi de que no entendía nada para que me deje una noche más. Después de eso no sé que hacer...
-¿Es esta chica? -Me corta el joven, impaciente, y me extiende un retrato en un pergamino.-
-Oh, por el amor de dios, sí, es ella... ¿No es la chica más bella que has visto en tu vida?
-Escucha Marco, esta chica es mi hermana.
-Oh, vaya jeje... disculpa ragazzo ¿Qué hace aquí?
-La han secuestrado -Traga saliva.- y la han traído aquí a Tardalona... Pero no tengo ni idea de donde está...
-Como ves, yo tampoco.
-De acuerdo, pues seguir aquí es una auténtica pérdida de tiempo, me voy a dormir.
El joven se va y cierra la puerta. Me encuentro otra vez solo. Cada minuto que pasa sigo pensando en ella, todo el tiempo, no puedo evitarlo. Su imágen esta ahí siempre latente en mi mente. Y ahora para colmo sé que está secuestrada, pero ¿Cómo y por qué vino a mí? Joder, ni idea qué quería o de quién huía o por qué me buscaba. Me voy a tomar el aire.
Cuando salgo me doy cuenta de que la habitación de enfrente se encuentra parcialmente abierta, entro y justo en la entrada encuentro un saco colgado cargado de dinero. Pan comido, lo cojo sin más y todo sigue igual. Vaya, joder, aquí por lo menos habrá setenta monedas de oro, una auténtica fortuna. Saldo mis cuentas con Sergi quien me mira medio enfadado medio sorprendido por mi honradez. Y me marcho a tomar una copa al Gat Negre, la taberna de enfrente.
Justo la puerta de enfrente de la posada es la del Gat Negre. Esta noche sucedía lo típico: Un par de jóvenes vomitando, un viejo borracho tumbado en la entrada y pisoteado y unos seis guardias llevándose a un robusto señor con pinta de ser un exbucanero.
Entro y aunque sea aún bastante tarde, sigue habiendo el ambiente de siempre: La misma música, la misma multitud de gente y el mismo Billy Joe. Admiro a Billy, ese viejo está siempre ahí desde hace bastante tiempo creo y siempre con la mismo actitud y el mismo ánimo, las horas no parecían pasar para el viejo Billy. Lástima que yo nunca le había caído bien. El viejo tiene fuertes prejuicios contra los italianos, decía que lo venimos sólo para desparramar el ambiente y pillar una buena cogorza... Bueno, eso es verdad pero ¿Quién no lo hace en este maldito sitio?. Más tarde me enteré que su madre fue violada por un italiano... comprensible. Hoy Billy tenía un ojo morado, le pregunto que le pasa, me dice que me ocupe de mis asuntos, típico de Billy.
Lo que en principio fue una copa acabaron siendo una docena, ahora tras beber mi última copa el mundo gira a mi alrededor. Tras vomitar unas tres veces me encuentro con un trío de preciosas doncellas. Me dicen que trabajan aquí, en la taberna, estoy borracho pero las entiendo bien así que tras pagar tal tributo de placer al viejo Billy me las llevo a mi habitación.
Bueno, ellas ahora msimo me estan llevando a mí, no soy capaz de andar quince metros para cruzar la calle, ya me tropecé con ese viejo borracho dormido y soy incapaz de llegar. Gracias a las chicas, consigo entrar a la posada, escucho como Sergi murmura, "Menudo italiano hijo de puta con suerte". Entro en la habitación y las llevo a la cama.
Dios, son hermosas, pero no tanto como Ella. ¿Qué coño hago pensando en Ella? Joder, Marco Marco Marco, te has bebido doce copas y estás con tres mujeres alucinantes y ¿Sigues pensando en ella? Estoy muy mal... Recién tras treinta minutos empiezo a disfrutar de las tres. Las tres conmigo. De repente escucho un ruido ajeno a ésto, parecen cortes de cuchillo y disparos, tengo mi cuerpo mojado, está empapado de sangre. Cuando quiero enterarme de la situación noto como la fría cuchilla me atraviesa del pecho el vientre, corte limpio. Intento hablar, no puedo, me estoy yendo, miro al asesino y sólo veo una capa roja con inscripciones celtas alejándose. Miro al techo, escupo sangre, cierro los ojos y la tenía a Ella ahí en mi mente, me estaba mirando.
Mi diosa, mi amor.
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martes, 10 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
Tardalona 4
Primera parte:
·1 Ferrán Corominas.
Por fin la había encontrado, allí estaba. Una compacta ciudad que apenas cabía en sus límites geográficos. Casas de piedra altas, de unas tres plantas cada una, encaraban hacia el mar, todas o casi todas con las luces encendidas -cosa que no había visto nunca en mi vida a estas horas-.
Se detuvo el barco en un pequeño muelle del puerto, -en el puerto no había demasiados barcos pero sorprendía que los barcos que había eran enormes- y, tras pagar unas monedas al barquero, desembarco yo sólo. Alzo la mirada y distingo los diferentes distritos de la ciudad: Enfrente mío (en el centro a ras de la costa) se encuentra el distrito portuario, básicamente se trata del amplio puerto, la lonja de pescadores, y unos pocos comercios y residencias; a mi izquierda, se encuentra el distrito comercial, allí se encuentran los pequeños comercios, los gremios de la ciudad y muchas residencias y algunas posadas; a mi derecha, castigada geográficamente debido a la proximidad de las montañas, se encuntra el distrito 3, también llamado distrito oscuro o distrito pobre donde la gente más humilde se agrupa en casas maltrechas viviendo en situaciones precarias. Es allí donde también se reúnen las peores personas de Tardalona; Justo en el centro de la ciudad se encuentra el distrito religioso, donde se destaca la gran iglesia de Santa Tecla, una iglesia neogótica demasiada grande para las necesidades de una ciudad que vive en el pecado; y, justo en la parte posterior del distrito religioso, sobre la montaña, se encuentra el distrito del palacio-fortaleza o distrito real. Allí es donde habitan las máximas autoridades civiles y militares de Tardalona en las mejores casas y donde habitaba el alcalde o gobernador de Tardalona Pompeu Bordas junto a todos sus sirvientes y guardias reales.
Desde cualquier punto de Tardalona se pueden distinguir y contemplar el campanario de la iglesia de Santa Tecla y el palacio-fortaleza real. Alzo la cabeza para contemplarlos y me doy cuenta que en la montaña, a mi derecha, un poco arriba del distrito 3 hay un pequeño incendio fuera del distrito, justo arriba. Bah, seguro que es el resultado entre una pelea de borrachos.
En la salida del puerto me encuentro con un guardia, se me acerca.
- Alto muchacho, ¿Cuántos años tienes?
- 17, señor…
-¿Señor? Jajaja, si la gente de por aquí fuese la mitad de educada que tú… En fin ¿Qué te trae por este sitio?
-Vengo, vengo por motivos familiares…
-¿Familiares? Ah, ya, bueno… Verás chaval, me tendrás que decir tu nombre completo, tu procedencia y me tendrás que entregar siete monedas de oro para el permiso de estancia.
-De acuerdo, aquí tiene las monedas –Se las entrego. Vaya, qué caro.– Me llamo Rafel Camuñas –Miento, por supuesto.– y soy de un pueblo cercano, Poble Nou.
-Muy bien joven –Apunta el nombre en una libreta y me da un pequeño pergamino donde pone "Permiso de Estancia".– ¡Bienvenido a Tardalona! Te recomiendo acudir a la taberna más popular “El gat Negre” situado en el distrito comercial, ¿sabes donde está, no? –Asiento – Ahí va todo el mundo.
-Muchas gracias guardia.
-Ah jajaja, disculpa, uno no oye esa expresión en este sitio todos los días… Que te vaya bien, chico, y ten cuidado, la gente aquí no es de fíar. –Se marcha andando.–
Justo cuando salgo del puerto había un cartel enorme que ponía “Permiso de estancia: Una moneda de plata” . ¡Maldita sea! Menuda novatada, bueno, mejor haber visto al guardia de buen humor… Ahora ya sé donde ir para obtener información.
Vale creo que es este sitio. Se trata de una casa alta de cuatro pisos donde a la vez la taberna hace de posada. El lugar parece amplio y en la puerta hay mucha gente tomando el aire o vomitando, olía a pis y a ron “El famoso olor a Tardalona”. Entro.
Era un amplio lugar, poco iluminado y estaba abarrotado, se podía ver gente de cualquier rincón del mundo en esta taberna, habían un par de esos llamados africanos, asiáticos o incluso moros, clases de persona que no había visto en mi vida. Sonaba música, se trataba de un trío: uno con una especie de violín, otro con algo parecido a una guitarra y otro con tambores, cantaban una canción popular llamada “Ron, siempre estaré contigo”. Entre la música, las charlas y los borrachos cantando el ruido era ensordecedor. Me acerco a un hombre que estaba sentado sólo y le muestro el único retrato de Blanca, mi hermana, hecho por un artista que paró una noche en nuestra granja durante una tormenta y como muestra de agradecimiento nos retrató en carboncillo. Este individuo olía fatal.
-No la la conozco, pero es muuy guapa, yo me la follaba jajajajaj…
-Disculpe señor, usted va demasiado borracho.
- ¿Sa sabes lo que pasa, sabes lo que pasa? Que tú, tú eres un puto crío ¿T ’ enteras?
Me dirijo a la barra, pues había un sitio vacío. Al lado de ese sitio había un viejo con un ojo vago. El mesero seguro que sabrá algo.
-Disculpe, ¿Está ocupado este sitio?
-Sí, está ocupado por mis mocos –Escupe en el taburete.– ¿Ves mocoso?
-¡Oh, vayase a la mierda!
-Jajajaja, me gustas chico, tienes carácter, ten, coge mi sitio, me da igual sentarme sobre mis gapos.–El viejo se levanta y en vez de sentarse en ese taburete escupido, le pega una patada y se va corriendo y gritando.
Me siento, llamo al mesero, se acerca. Se trataba de un hombre mayor, de unos sesenta años de edad, ojos claros. De pelo lacio, largo y atado. Era delgado y era bastante alto. Tenía una cara alargada con una mirada tristona y vestía con un traje marrón típico del momento. Portaba un sombrero rojizo de marinero.
-¿Qué tal chico?, no hagas caso al viejo Carreres, no está en sus cavales. me llamo William Joseph, pero me puedes llamar Billy Joe, bien, soy el encargado de este lugar, ten, invita la casa –Me extiende un vaso de Ron.– esto aquí es como el agua. ¿Qué te trae por aquí?.
-Verás –Le extiendo el retrato.– Busco a mi hermana, desapareció hace un año, mientras yo dormía y me llegó un chivatazo de que la habían llevado a esta ciudad. –Se lo doy.–
-Mmm –Lo examina.– Me suena y sí, creo haberla visto, ayer por la noche, con un italiano rico de esos que se vienen de fiesta. –Me devuelve el retrato.–
-¿Me puedes decir su nombre?
-Va, sí, porque ese chico es un auténtico gilipollas, un tal Marco Rossi, Russo…Vale, es Marco Rosso. Le puedes encontrar en la posada de enfrente, dile que se…–De repente se pone pálido al ver entrar a un robusto y también canoso hombre con pinta de bucanero que se acerca rápidamente.– Hmm… bueno chaval, suerte… He de hablar con un viejo amigo.
Satisfecho, me acabo el vaso de ron y al cavo de diez minutos más o menos me voy. Justo al llegar a la puerta de salida todo el mundo giró sus cabezas para ver la pelea a puño limpio entre Billy Joe y ese viejo bucanero. Me voy de este sitio.
·1 Ferrán Corominas.
Por fin la había encontrado, allí estaba. Una compacta ciudad que apenas cabía en sus límites geográficos. Casas de piedra altas, de unas tres plantas cada una, encaraban hacia el mar, todas o casi todas con las luces encendidas -cosa que no había visto nunca en mi vida a estas horas-.
Se detuvo el barco en un pequeño muelle del puerto, -en el puerto no había demasiados barcos pero sorprendía que los barcos que había eran enormes- y, tras pagar unas monedas al barquero, desembarco yo sólo. Alzo la mirada y distingo los diferentes distritos de la ciudad: Enfrente mío (en el centro a ras de la costa) se encuentra el distrito portuario, básicamente se trata del amplio puerto, la lonja de pescadores, y unos pocos comercios y residencias; a mi izquierda, se encuentra el distrito comercial, allí se encuentran los pequeños comercios, los gremios de la ciudad y muchas residencias y algunas posadas; a mi derecha, castigada geográficamente debido a la proximidad de las montañas, se encuntra el distrito 3, también llamado distrito oscuro o distrito pobre donde la gente más humilde se agrupa en casas maltrechas viviendo en situaciones precarias. Es allí donde también se reúnen las peores personas de Tardalona; Justo en el centro de la ciudad se encuentra el distrito religioso, donde se destaca la gran iglesia de Santa Tecla, una iglesia neogótica demasiada grande para las necesidades de una ciudad que vive en el pecado; y, justo en la parte posterior del distrito religioso, sobre la montaña, se encuentra el distrito del palacio-fortaleza o distrito real. Allí es donde habitan las máximas autoridades civiles y militares de Tardalona en las mejores casas y donde habitaba el alcalde o gobernador de Tardalona Pompeu Bordas junto a todos sus sirvientes y guardias reales.
Desde cualquier punto de Tardalona se pueden distinguir y contemplar el campanario de la iglesia de Santa Tecla y el palacio-fortaleza real. Alzo la cabeza para contemplarlos y me doy cuenta que en la montaña, a mi derecha, un poco arriba del distrito 3 hay un pequeño incendio fuera del distrito, justo arriba. Bah, seguro que es el resultado entre una pelea de borrachos.
En la salida del puerto me encuentro con un guardia, se me acerca.
- Alto muchacho, ¿Cuántos años tienes?
- 17, señor…
-¿Señor? Jajaja, si la gente de por aquí fuese la mitad de educada que tú… En fin ¿Qué te trae por este sitio?
-Vengo, vengo por motivos familiares…
-¿Familiares? Ah, ya, bueno… Verás chaval, me tendrás que decir tu nombre completo, tu procedencia y me tendrás que entregar siete monedas de oro para el permiso de estancia.
-De acuerdo, aquí tiene las monedas –Se las entrego. Vaya, qué caro.– Me llamo Rafel Camuñas –Miento, por supuesto.– y soy de un pueblo cercano, Poble Nou.
-Muy bien joven –Apunta el nombre en una libreta y me da un pequeño pergamino donde pone "Permiso de Estancia".– ¡Bienvenido a Tardalona! Te recomiendo acudir a la taberna más popular “El gat Negre” situado en el distrito comercial, ¿sabes donde está, no? –Asiento – Ahí va todo el mundo.
-Muchas gracias guardia.
-Ah jajaja, disculpa, uno no oye esa expresión en este sitio todos los días… Que te vaya bien, chico, y ten cuidado, la gente aquí no es de fíar. –Se marcha andando.–
Justo cuando salgo del puerto había un cartel enorme que ponía “Permiso de estancia: Una moneda de plata” . ¡Maldita sea! Menuda novatada, bueno, mejor haber visto al guardia de buen humor… Ahora ya sé donde ir para obtener información.
Vale creo que es este sitio. Se trata de una casa alta de cuatro pisos donde a la vez la taberna hace de posada. El lugar parece amplio y en la puerta hay mucha gente tomando el aire o vomitando, olía a pis y a ron “El famoso olor a Tardalona”. Entro.
Era un amplio lugar, poco iluminado y estaba abarrotado, se podía ver gente de cualquier rincón del mundo en esta taberna, habían un par de esos llamados africanos, asiáticos o incluso moros, clases de persona que no había visto en mi vida. Sonaba música, se trataba de un trío: uno con una especie de violín, otro con algo parecido a una guitarra y otro con tambores, cantaban una canción popular llamada “Ron, siempre estaré contigo”. Entre la música, las charlas y los borrachos cantando el ruido era ensordecedor. Me acerco a un hombre que estaba sentado sólo y le muestro el único retrato de Blanca, mi hermana, hecho por un artista que paró una noche en nuestra granja durante una tormenta y como muestra de agradecimiento nos retrató en carboncillo. Este individuo olía fatal.
-No la la conozco, pero es muuy guapa, yo me la follaba jajajajaj…
-Disculpe señor, usted va demasiado borracho.
- ¿Sa sabes lo que pasa, sabes lo que pasa? Que tú, tú eres un puto crío ¿T ’ enteras?
Me dirijo a la barra, pues había un sitio vacío. Al lado de ese sitio había un viejo con un ojo vago. El mesero seguro que sabrá algo.
-Disculpe, ¿Está ocupado este sitio?
-Sí, está ocupado por mis mocos –Escupe en el taburete.– ¿Ves mocoso?
-¡Oh, vayase a la mierda!
-Jajajaja, me gustas chico, tienes carácter, ten, coge mi sitio, me da igual sentarme sobre mis gapos.–El viejo se levanta y en vez de sentarse en ese taburete escupido, le pega una patada y se va corriendo y gritando.
Me siento, llamo al mesero, se acerca. Se trataba de un hombre mayor, de unos sesenta años de edad, ojos claros. De pelo lacio, largo y atado. Era delgado y era bastante alto. Tenía una cara alargada con una mirada tristona y vestía con un traje marrón típico del momento. Portaba un sombrero rojizo de marinero.
-¿Qué tal chico?, no hagas caso al viejo Carreres, no está en sus cavales. me llamo William Joseph, pero me puedes llamar Billy Joe, bien, soy el encargado de este lugar, ten, invita la casa –Me extiende un vaso de Ron.– esto aquí es como el agua. ¿Qué te trae por aquí?.
-Verás –Le extiendo el retrato.– Busco a mi hermana, desapareció hace un año, mientras yo dormía y me llegó un chivatazo de que la habían llevado a esta ciudad. –Se lo doy.–
-Mmm –Lo examina.– Me suena y sí, creo haberla visto, ayer por la noche, con un italiano rico de esos que se vienen de fiesta. –Me devuelve el retrato.–
-¿Me puedes decir su nombre?
-Va, sí, porque ese chico es un auténtico gilipollas, un tal Marco Rossi, Russo…Vale, es Marco Rosso. Le puedes encontrar en la posada de enfrente, dile que se…–De repente se pone pálido al ver entrar a un robusto y también canoso hombre con pinta de bucanero que se acerca rápidamente.– Hmm… bueno chaval, suerte… He de hablar con un viejo amigo.
Satisfecho, me acabo el vaso de ron y al cavo de diez minutos más o menos me voy. Justo al llegar a la puerta de salida todo el mundo giró sus cabezas para ver la pelea a puño limpio entre Billy Joe y ese viejo bucanero. Me voy de este sitio.
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