-Marco Rosso, ese es nuestro hombre. El reino de Florencia lo tiene entre los más buscados y ofrecen una gran recompensa, está aquí en una posada en el distrito comercial, lo quiero muerto esta noche.
· · ·
Era de noche. Estaba desahuciado, me habían robado y no sabía que hacer. Estaba sin dinero, amigos, familia, estaba sólo, sin nada. Y de repente me llaman a la puerta. Era ella.
Tendrías que haberla visto. Oh, ¡mamma mia!, era la mujer perfecta, una auténtica diosa y estaba ya dentro de mi habitación. Le dije que no esperaba a nadie, me contesta que me cayase, que esa noche ella era mía.
Una venus, exacto, una diosa. La acaricio, no había tocado una piel tan suave ni un cabello tan sedoso en mi vida. Le pregunté como se llama, me da un beso -con esto me mató jajaja.-, me dijo que no hable, me dijo que disfrute, me dijo que me amaba. No sé porque le creí, ¿Por qué no?.
Pasé la mejor noche de mi vida, por supuesto que no era la primera vez que follaba, pero sí era la primera vez que había hecho el amor, eso, auténtico amor. Nunca jamás nadie me había dado un beso tan apasionadamente, ningún amante me había tratado con tanto afecto, con tanto amor. Me sorprendí, me alegré y lo disfruté. Soñé con ella esa noche.
Al día siguiente, es decir, hoy, me despierto y no hay ni rastro de ella. Me eché a llorar, nunca había llorado tanto y menos había llorado tanto por una persona, pero lloré y lloré durante horas hasta quedarme deshidratado. Llegué a pensar que esa chica viene de mi imaginación, que todo era un sueño, un producto de mi subconsciente pero había personas que atestiguaban haberla visto conmigo. No sabía qué hacer y para colmo me había quedado sin dinero. Me pasé todo el día buscándola pero no había ni rastro de ella, y eso que esta ciudad no es muy grande. Nada. Volví resignado a la posada y tuve que volver mentirle al pobre de Sergi de que no entendía nada para que me deje una noche más. Después de eso no sé que hacer...
-¿Es esta chica? -Me corta el joven, impaciente, y me extiende un retrato en un pergamino.-
-Oh, por el amor de dios, sí, es ella... ¿No es la chica más bella que has visto en tu vida?
-Escucha Marco, esta chica es mi hermana.
-Oh, vaya jeje... disculpa ragazzo ¿Qué hace aquí?
-La han secuestrado -Traga saliva.- y la han traído aquí a Tardalona... Pero no tengo ni idea de donde está...
-Como ves, yo tampoco.
-De acuerdo, pues seguir aquí es una auténtica pérdida de tiempo, me voy a dormir.
El joven se va y cierra la puerta. Me encuentro otra vez solo. Cada minuto que pasa sigo pensando en ella, todo el tiempo, no puedo evitarlo. Su imágen esta ahí siempre latente en mi mente. Y ahora para colmo sé que está secuestrada, pero ¿Cómo y por qué vino a mí? Joder, ni idea qué quería o de quién huía o por qué me buscaba. Me voy a tomar el aire.
Cuando salgo me doy cuenta de que la habitación de enfrente se encuentra parcialmente abierta, entro y justo en la entrada encuentro un saco colgado cargado de dinero. Pan comido, lo cojo sin más y todo sigue igual. Vaya, joder, aquí por lo menos habrá setenta monedas de oro, una auténtica fortuna. Saldo mis cuentas con Sergi quien me mira medio enfadado medio sorprendido por mi honradez. Y me marcho a tomar una copa al Gat Negre, la taberna de enfrente.
Justo la puerta de enfrente de la posada es la del Gat Negre. Esta noche sucedía lo típico: Un par de jóvenes vomitando, un viejo borracho tumbado en la entrada y pisoteado y unos seis guardias llevándose a un robusto señor con pinta de ser un exbucanero.
Entro y aunque sea aún bastante tarde, sigue habiendo el ambiente de siempre: La misma música, la misma multitud de gente y el mismo Billy Joe. Admiro a Billy, ese viejo está siempre ahí desde hace bastante tiempo creo y siempre con la mismo actitud y el mismo ánimo, las horas no parecían pasar para el viejo Billy. Lástima que yo nunca le había caído bien. El viejo tiene fuertes prejuicios contra los italianos, decía que lo venimos sólo para desparramar el ambiente y pillar una buena cogorza... Bueno, eso es verdad pero ¿Quién no lo hace en este maldito sitio?. Más tarde me enteré que su madre fue violada por un italiano... comprensible. Hoy Billy tenía un ojo morado, le pregunto que le pasa, me dice que me ocupe de mis asuntos, típico de Billy.
Lo que en principio fue una copa acabaron siendo una docena, ahora tras beber mi última copa el mundo gira a mi alrededor. Tras vomitar unas tres veces me encuentro con un trío de preciosas doncellas. Me dicen que trabajan aquí, en la taberna, estoy borracho pero las entiendo bien así que tras pagar tal tributo de placer al viejo Billy me las llevo a mi habitación.
Bueno, ellas ahora msimo me estan llevando a mí, no soy capaz de andar quince metros para cruzar la calle, ya me tropecé con ese viejo borracho dormido y soy incapaz de llegar. Gracias a las chicas, consigo entrar a la posada, escucho como Sergi murmura, "Menudo italiano hijo de puta con suerte". Entro en la habitación y las llevo a la cama.
Dios, son hermosas, pero no tanto como Ella. ¿Qué coño hago pensando en Ella? Joder, Marco Marco Marco, te has bebido doce copas y estás con tres mujeres alucinantes y ¿Sigues pensando en ella? Estoy muy mal... Recién tras treinta minutos empiezo a disfrutar de las tres. Las tres conmigo. De repente escucho un ruido ajeno a ésto, parecen cortes de cuchillo y disparos, tengo mi cuerpo mojado, está empapado de sangre. Cuando quiero enterarme de la situación noto como la fría cuchilla me atraviesa del pecho el vientre, corte limpio. Intento hablar, no puedo, me estoy yendo, miro al asesino y sólo veo una capa roja con inscripciones celtas alejándose. Miro al techo, escupo sangre, cierro los ojos y la tenía a Ella ahí en mi mente, me estaba mirando.
Mi diosa, mi amor.
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martes, 10 de agosto de 2010
viernes, 6 de agosto de 2010
Tardalona 5
Primera parte:
·2 David James.
La barcaza se para -aleluya.- y colocan una tabla estrecha de madera para que bajen los pasajeros, bueno, el pasajero (yo por supuesto). Maldita sea, menudo olor a mierda, me pregunto si será así todo los días.
Camino por el muelle se oye una explosión, se trata de una explosión en la montaña encima del distrito pobre, vaya que raro, en medio de la jodida montaña. De pronto escucho una voz de un hombre.
-Eh, tú.- Me giro.
-Que pasa.- Le digo en tono amenazador.
-Necesito tu nombre completo, tu procedencia, y siete monedas de oro para el permiso de estancia.
-Me llamo V-E-T-E A T-O-M-A-R P-O-R C-U-L-O y vengo de T-U P-U-T-A M-A-D-R-E. Ah, y en cuanto al dinero es una jodida estafa para los domingueros ¿A qué sí?.
-Vaya vaya tenemos a otro puto abuelo de mierda que viene aquí a morir ehh, no eres el único vejestorio... -Empieza a descolgarse su fusil.-
Lo siguiente fue muy rápido. Justo cuando me empieza a apuntar y prepara el gatillo, yo con el brazo izquierdo le aparto el fusil y en consecuencia dispara hacia un lado (justo a diez centímetros de mi cara) mientras con mi brazo derecho desenvaino mi cimitarra y, siguiendo el movimiento de desenvaine, le asesto un letal corte de izquierda a derecha en el cuello, dejando un limpio corte en la yugular. Cae al suelo. Todo en dos movimientos. Me marcho casi corriendo. De repente escucho un murmullo del muerto.
-Es verdad, The digger sigue vivo, menudo hijo de pe...
Me dirijo hacia la posada de un viejo amigo mío, en el distrito comercial. Era la posada de Sergi Canals. Conocí a Sergi Canals después de haber escapado del asedio de El Picadero. Sergi me vio mientras me escapaba en bote de remo y me subió a su barco. Durante el trayecto le caí bien y me ofreció hospedarme en su casa, viví allí un mes y me fui de ahí dejando un buen amigo. Mantuvimos el contacto y me comunicó que se fue a Tardalona a probar suerte. Hace poco me enteré de que el muy cabrón se había hecho su propia posada y era bastante exitosa. Es ahora cuando le hago una visita.
Abro la puerta, oh parece un buen lugar, sin duda una buena posada. En la recepción había dos personas discutiendo a gritos. Un señor de unos cuarenta años, calvo, rechoncho y con los ojos grandes y saltones, sin duda era Sergi. Sergi se encontraba discutiendo con un hombre italiano que casi no sabía hablar español y lo mezclaba con el italiano.
-¡Eres un puto italiano putero de mierda!¡Con esta me debes tres noches! ¿Te enteras? ¡Uno, due, tres putas noches!
-¡Io no recordo nada, Io no recordo nada!. Io mai he estado aquí. ¡Io sonno confuso!
-A ver, yo no soy gilipollas, o pagas o llamo a los guardias y te hacen "espagueti" ¿entendido?.
Cansado de la discusión entro en escena.
-¡Sergi! viejo amigo...
-Oh, dichosos sean mis ojos, ¡pero si es el gran David James! Oh, mierda, maldita sea, disculpa por esta discusión, este maldito italiano no sabe casi castellano y para colmo ahora dice que no se acuerda de nada de lo que pasó estos tres días...Eh tú puedes irte Bueno -El italiano que estaba tenso y confuso se va por las escaleras de la posada.- ¿Qué te trae por aquí?.
-Pues verás, ¿Te acuerdas del tesoro que te dije que había enterrado?
-Oh, por supuesto, más de uno ha venido aquí en busca de tu tesoro mas nadie lo ha encontrado, es de locos, parece que está bien escondido.
-Pues la verdad es que no cavé tanto para enterrarlo, no lo sé. He venido a desenterrarlo y necesito hospedaje.
-¿Desenterrarlo? Oh, me encantan tus locuras... Puedes quedarte con la habitación de la tercera planta a la derecha, es la mejor, te la presto todo lo que quieras.
-Gracias Sergi, eres un gran amigo.
-El único problema es la taberna de enfrente nueva, un tal Billy Joe la reformó y ahora es muy popular y suele haber bastante ruido, pero después de dormir días bajo el ruido de los cañones no creo que le moleste jejejejeje, y por cierto...
-¿Billy Joe? -Le corto.-
-Sí, así dice que se llama ¿le conoces?.
-Sí, puede ser... es otro viejo "amigo". Me voy a dejar mis cosas.
-Claro, aquí tienes la llave -me la extiende.-. Estaré por aquí cuando me necesites, nos vemos.
Subo a la habitación, dejo mis cosas y me tumbo en mi cama. Joder, hace años que no me acuesto en algo tan cómodo. Me acuerdo de Billy Joe, me acuerdo de su sonrisa desde el "My girl's pussy" cuando me abandonaron. Billy Joe era mi segundo al mando y fue el hijo de puta que movilizó a los demás para que me abandonasen. Tiene que ser él, no puede haber en estas tierras muchas personas llamadas así. Es hora de vernos las caras una vez más. Tras un cuarto de hora en la cama me levanto.
Cruzo la calle, y enfrente se encontraba este lugar. Había una persona afuera respirando aire "fresco" (supuestamente fresco porque en el fondo estaba impregnado de un fuerte hedor a orina humana), una pareja liándose y un viejo vomitando. Me acerco a la puerta y cuando estoy a punto de entrar el viejo me mira y se pone justo en medio tapando la entrada, tenía un ojo vago.
-¡Hay va, pero si es Digger James!
No lo hago caso, le doy un empujón y cae de bruces al suelo, se quedá así durmiendo. Entro.
Menudo lugar, estaba lleno de gente, habían hermosas doncellas y sonaba el final de una antigua canción bucanera que siempre cantábamos en el barco "Ron, siempre estaré contigo", esa canción me produjo cierta nostalgia. Miro la barra y ahí estaba, mirándome fijamente, Billy Joe. Me acerco, estaba hablando con un chaval. Le empiezo a hablar en inglés para una mayor privacidad, había mucha gente.
-Tú, traidor de mierda.
-Yo también me alegro de verte.
-Métete tu sucia ironía en tu agujereado culo, me abandonaste. Abandonaste a tu capitán, eso es imperdonable.
-Oh, entiéndelo Dave, tu estabas empeñado en defender este sitio, yo estaba empeñado en defender mi vida, o hacía algo o moríamos todos.
-Había mucho oro Billy, mucho oro. No podíamos dárselos envuelto en un lacito a los dichosos catalanes.
-Si si, conozco tu historia Dave, sé que lo enterraste, todos lo sabemos. Todo el mundo lo ha buscado y nadie lo ha encontrado. ¿No te resulta extraño que nadie lo haya encontrado si tú apenas tuviste tiempo para esconderlo?
-Eso no importa...
-Oh ya lo creo que importa, ¿sabes por qué nadie lo ha encontrado? ¿sabes que se construyó un colosal palacio amurallado sobre tu maldito tesoro? Tu tesoro se encuentra bajo miles de toneladas de bloques de piedra, y tú sólo eres un puto escocés de mierda sólo, ten sólo que fue abandonado por su propia tripulación por ser un cuentista. Vivías del cuento de defender el picadero y ahora vives del cuento de encontrar tu tesoro... das pena, puedes irte de este lugar, no tienes nada que hacer.
Si hay algo que me molesta más que ver como un gilipollas se ríe de mí en mi cara, es ver como un gilipollas galés se ríe de mí en mi cara. Yo soy una persona de actuar, siempre lo fui. Fui su capitán durante todo un lustro ¿y me trata sin ningún respeto? ¿Tengo que imponerle otra vez respeto?. Me abalanzo sobre él.
La pelea dura unos quince minutos, le di una auténtica paliza. Poco después seis guardias me arrestan y me mandan al calabozo, duermo ahí mi primera noche en Tardalona.
·2 David James.
La barcaza se para -aleluya.- y colocan una tabla estrecha de madera para que bajen los pasajeros, bueno, el pasajero (yo por supuesto). Maldita sea, menudo olor a mierda, me pregunto si será así todo los días.
Camino por el muelle se oye una explosión, se trata de una explosión en la montaña encima del distrito pobre, vaya que raro, en medio de la jodida montaña. De pronto escucho una voz de un hombre.
-Eh, tú.- Me giro.
-Que pasa.- Le digo en tono amenazador.
-Necesito tu nombre completo, tu procedencia, y siete monedas de oro para el permiso de estancia.
-Me llamo V-E-T-E A T-O-M-A-R P-O-R C-U-L-O y vengo de T-U P-U-T-A M-A-D-R-E. Ah, y en cuanto al dinero es una jodida estafa para los domingueros ¿A qué sí?.
-Vaya vaya tenemos a otro puto abuelo de mierda que viene aquí a morir ehh, no eres el único vejestorio... -Empieza a descolgarse su fusil.-
Lo siguiente fue muy rápido. Justo cuando me empieza a apuntar y prepara el gatillo, yo con el brazo izquierdo le aparto el fusil y en consecuencia dispara hacia un lado (justo a diez centímetros de mi cara) mientras con mi brazo derecho desenvaino mi cimitarra y, siguiendo el movimiento de desenvaine, le asesto un letal corte de izquierda a derecha en el cuello, dejando un limpio corte en la yugular. Cae al suelo. Todo en dos movimientos. Me marcho casi corriendo. De repente escucho un murmullo del muerto.
-Es verdad, The digger sigue vivo, menudo hijo de pe...
Me dirijo hacia la posada de un viejo amigo mío, en el distrito comercial. Era la posada de Sergi Canals. Conocí a Sergi Canals después de haber escapado del asedio de El Picadero. Sergi me vio mientras me escapaba en bote de remo y me subió a su barco. Durante el trayecto le caí bien y me ofreció hospedarme en su casa, viví allí un mes y me fui de ahí dejando un buen amigo. Mantuvimos el contacto y me comunicó que se fue a Tardalona a probar suerte. Hace poco me enteré de que el muy cabrón se había hecho su propia posada y era bastante exitosa. Es ahora cuando le hago una visita.
Abro la puerta, oh parece un buen lugar, sin duda una buena posada. En la recepción había dos personas discutiendo a gritos. Un señor de unos cuarenta años, calvo, rechoncho y con los ojos grandes y saltones, sin duda era Sergi. Sergi se encontraba discutiendo con un hombre italiano que casi no sabía hablar español y lo mezclaba con el italiano.
-¡Eres un puto italiano putero de mierda!¡Con esta me debes tres noches! ¿Te enteras? ¡Uno, due, tres putas noches!
-¡Io no recordo nada, Io no recordo nada!. Io mai he estado aquí. ¡Io sonno confuso!
-A ver, yo no soy gilipollas, o pagas o llamo a los guardias y te hacen "espagueti" ¿entendido?.
Cansado de la discusión entro en escena.
-¡Sergi! viejo amigo...
-Oh, dichosos sean mis ojos, ¡pero si es el gran David James! Oh, mierda, maldita sea, disculpa por esta discusión, este maldito italiano no sabe casi castellano y para colmo ahora dice que no se acuerda de nada de lo que pasó estos tres días...Eh tú puedes irte Bueno -El italiano que estaba tenso y confuso se va por las escaleras de la posada.- ¿Qué te trae por aquí?.
-Pues verás, ¿Te acuerdas del tesoro que te dije que había enterrado?
-Oh, por supuesto, más de uno ha venido aquí en busca de tu tesoro mas nadie lo ha encontrado, es de locos, parece que está bien escondido.
-Pues la verdad es que no cavé tanto para enterrarlo, no lo sé. He venido a desenterrarlo y necesito hospedaje.
-¿Desenterrarlo? Oh, me encantan tus locuras... Puedes quedarte con la habitación de la tercera planta a la derecha, es la mejor, te la presto todo lo que quieras.
-Gracias Sergi, eres un gran amigo.
-El único problema es la taberna de enfrente nueva, un tal Billy Joe la reformó y ahora es muy popular y suele haber bastante ruido, pero después de dormir días bajo el ruido de los cañones no creo que le moleste jejejejeje, y por cierto...
-¿Billy Joe? -Le corto.-
-Sí, así dice que se llama ¿le conoces?.
-Sí, puede ser... es otro viejo "amigo". Me voy a dejar mis cosas.
-Claro, aquí tienes la llave -me la extiende.-. Estaré por aquí cuando me necesites, nos vemos.
Subo a la habitación, dejo mis cosas y me tumbo en mi cama. Joder, hace años que no me acuesto en algo tan cómodo. Me acuerdo de Billy Joe, me acuerdo de su sonrisa desde el "My girl's pussy" cuando me abandonaron. Billy Joe era mi segundo al mando y fue el hijo de puta que movilizó a los demás para que me abandonasen. Tiene que ser él, no puede haber en estas tierras muchas personas llamadas así. Es hora de vernos las caras una vez más. Tras un cuarto de hora en la cama me levanto.
Cruzo la calle, y enfrente se encontraba este lugar. Había una persona afuera respirando aire "fresco" (supuestamente fresco porque en el fondo estaba impregnado de un fuerte hedor a orina humana), una pareja liándose y un viejo vomitando. Me acerco a la puerta y cuando estoy a punto de entrar el viejo me mira y se pone justo en medio tapando la entrada, tenía un ojo vago.
-¡Hay va, pero si es Digger James!
No lo hago caso, le doy un empujón y cae de bruces al suelo, se quedá así durmiendo. Entro.
Menudo lugar, estaba lleno de gente, habían hermosas doncellas y sonaba el final de una antigua canción bucanera que siempre cantábamos en el barco "Ron, siempre estaré contigo", esa canción me produjo cierta nostalgia. Miro la barra y ahí estaba, mirándome fijamente, Billy Joe. Me acerco, estaba hablando con un chaval. Le empiezo a hablar en inglés para una mayor privacidad, había mucha gente.
-Tú, traidor de mierda.
-Yo también me alegro de verte.
-Métete tu sucia ironía en tu agujereado culo, me abandonaste. Abandonaste a tu capitán, eso es imperdonable.
-Oh, entiéndelo Dave, tu estabas empeñado en defender este sitio, yo estaba empeñado en defender mi vida, o hacía algo o moríamos todos.
-Había mucho oro Billy, mucho oro. No podíamos dárselos envuelto en un lacito a los dichosos catalanes.
-Si si, conozco tu historia Dave, sé que lo enterraste, todos lo sabemos. Todo el mundo lo ha buscado y nadie lo ha encontrado. ¿No te resulta extraño que nadie lo haya encontrado si tú apenas tuviste tiempo para esconderlo?
-Eso no importa...
-Oh ya lo creo que importa, ¿sabes por qué nadie lo ha encontrado? ¿sabes que se construyó un colosal palacio amurallado sobre tu maldito tesoro? Tu tesoro se encuentra bajo miles de toneladas de bloques de piedra, y tú sólo eres un puto escocés de mierda sólo, ten sólo que fue abandonado por su propia tripulación por ser un cuentista. Vivías del cuento de defender el picadero y ahora vives del cuento de encontrar tu tesoro... das pena, puedes irte de este lugar, no tienes nada que hacer.
Si hay algo que me molesta más que ver como un gilipollas se ríe de mí en mi cara, es ver como un gilipollas galés se ríe de mí en mi cara. Yo soy una persona de actuar, siempre lo fui. Fui su capitán durante todo un lustro ¿y me trata sin ningún respeto? ¿Tengo que imponerle otra vez respeto?. Me abalanzo sobre él.
La pelea dura unos quince minutos, le di una auténtica paliza. Poco después seis guardias me arrestan y me mandan al calabozo, duermo ahí mi primera noche en Tardalona.
lunes, 2 de agosto de 2010
Tardalona 4
Primera parte:
·1 Ferrán Corominas.
Por fin la había encontrado, allí estaba. Una compacta ciudad que apenas cabía en sus límites geográficos. Casas de piedra altas, de unas tres plantas cada una, encaraban hacia el mar, todas o casi todas con las luces encendidas -cosa que no había visto nunca en mi vida a estas horas-.
Se detuvo el barco en un pequeño muelle del puerto, -en el puerto no había demasiados barcos pero sorprendía que los barcos que había eran enormes- y, tras pagar unas monedas al barquero, desembarco yo sólo. Alzo la mirada y distingo los diferentes distritos de la ciudad: Enfrente mío (en el centro a ras de la costa) se encuentra el distrito portuario, básicamente se trata del amplio puerto, la lonja de pescadores, y unos pocos comercios y residencias; a mi izquierda, se encuentra el distrito comercial, allí se encuentran los pequeños comercios, los gremios de la ciudad y muchas residencias y algunas posadas; a mi derecha, castigada geográficamente debido a la proximidad de las montañas, se encuntra el distrito 3, también llamado distrito oscuro o distrito pobre donde la gente más humilde se agrupa en casas maltrechas viviendo en situaciones precarias. Es allí donde también se reúnen las peores personas de Tardalona; Justo en el centro de la ciudad se encuentra el distrito religioso, donde se destaca la gran iglesia de Santa Tecla, una iglesia neogótica demasiada grande para las necesidades de una ciudad que vive en el pecado; y, justo en la parte posterior del distrito religioso, sobre la montaña, se encuentra el distrito del palacio-fortaleza o distrito real. Allí es donde habitan las máximas autoridades civiles y militares de Tardalona en las mejores casas y donde habitaba el alcalde o gobernador de Tardalona Pompeu Bordas junto a todos sus sirvientes y guardias reales.
Desde cualquier punto de Tardalona se pueden distinguir y contemplar el campanario de la iglesia de Santa Tecla y el palacio-fortaleza real. Alzo la cabeza para contemplarlos y me doy cuenta que en la montaña, a mi derecha, un poco arriba del distrito 3 hay un pequeño incendio fuera del distrito, justo arriba. Bah, seguro que es el resultado entre una pelea de borrachos.
En la salida del puerto me encuentro con un guardia, se me acerca.
- Alto muchacho, ¿Cuántos años tienes?
- 17, señor…
-¿Señor? Jajaja, si la gente de por aquí fuese la mitad de educada que tú… En fin ¿Qué te trae por este sitio?
-Vengo, vengo por motivos familiares…
-¿Familiares? Ah, ya, bueno… Verás chaval, me tendrás que decir tu nombre completo, tu procedencia y me tendrás que entregar siete monedas de oro para el permiso de estancia.
-De acuerdo, aquí tiene las monedas –Se las entrego. Vaya, qué caro.– Me llamo Rafel Camuñas –Miento, por supuesto.– y soy de un pueblo cercano, Poble Nou.
-Muy bien joven –Apunta el nombre en una libreta y me da un pequeño pergamino donde pone "Permiso de Estancia".– ¡Bienvenido a Tardalona! Te recomiendo acudir a la taberna más popular “El gat Negre” situado en el distrito comercial, ¿sabes donde está, no? –Asiento – Ahí va todo el mundo.
-Muchas gracias guardia.
-Ah jajaja, disculpa, uno no oye esa expresión en este sitio todos los días… Que te vaya bien, chico, y ten cuidado, la gente aquí no es de fíar. –Se marcha andando.–
Justo cuando salgo del puerto había un cartel enorme que ponía “Permiso de estancia: Una moneda de plata” . ¡Maldita sea! Menuda novatada, bueno, mejor haber visto al guardia de buen humor… Ahora ya sé donde ir para obtener información.
Vale creo que es este sitio. Se trata de una casa alta de cuatro pisos donde a la vez la taberna hace de posada. El lugar parece amplio y en la puerta hay mucha gente tomando el aire o vomitando, olía a pis y a ron “El famoso olor a Tardalona”. Entro.
Era un amplio lugar, poco iluminado y estaba abarrotado, se podía ver gente de cualquier rincón del mundo en esta taberna, habían un par de esos llamados africanos, asiáticos o incluso moros, clases de persona que no había visto en mi vida. Sonaba música, se trataba de un trío: uno con una especie de violín, otro con algo parecido a una guitarra y otro con tambores, cantaban una canción popular llamada “Ron, siempre estaré contigo”. Entre la música, las charlas y los borrachos cantando el ruido era ensordecedor. Me acerco a un hombre que estaba sentado sólo y le muestro el único retrato de Blanca, mi hermana, hecho por un artista que paró una noche en nuestra granja durante una tormenta y como muestra de agradecimiento nos retrató en carboncillo. Este individuo olía fatal.
-No la la conozco, pero es muuy guapa, yo me la follaba jajajajaj…
-Disculpe señor, usted va demasiado borracho.
- ¿Sa sabes lo que pasa, sabes lo que pasa? Que tú, tú eres un puto crío ¿T ’ enteras?
Me dirijo a la barra, pues había un sitio vacío. Al lado de ese sitio había un viejo con un ojo vago. El mesero seguro que sabrá algo.
-Disculpe, ¿Está ocupado este sitio?
-Sí, está ocupado por mis mocos –Escupe en el taburete.– ¿Ves mocoso?
-¡Oh, vayase a la mierda!
-Jajajaja, me gustas chico, tienes carácter, ten, coge mi sitio, me da igual sentarme sobre mis gapos.–El viejo se levanta y en vez de sentarse en ese taburete escupido, le pega una patada y se va corriendo y gritando.
Me siento, llamo al mesero, se acerca. Se trataba de un hombre mayor, de unos sesenta años de edad, ojos claros. De pelo lacio, largo y atado. Era delgado y era bastante alto. Tenía una cara alargada con una mirada tristona y vestía con un traje marrón típico del momento. Portaba un sombrero rojizo de marinero.
-¿Qué tal chico?, no hagas caso al viejo Carreres, no está en sus cavales. me llamo William Joseph, pero me puedes llamar Billy Joe, bien, soy el encargado de este lugar, ten, invita la casa –Me extiende un vaso de Ron.– esto aquí es como el agua. ¿Qué te trae por aquí?.
-Verás –Le extiendo el retrato.– Busco a mi hermana, desapareció hace un año, mientras yo dormía y me llegó un chivatazo de que la habían llevado a esta ciudad. –Se lo doy.–
-Mmm –Lo examina.– Me suena y sí, creo haberla visto, ayer por la noche, con un italiano rico de esos que se vienen de fiesta. –Me devuelve el retrato.–
-¿Me puedes decir su nombre?
-Va, sí, porque ese chico es un auténtico gilipollas, un tal Marco Rossi, Russo…Vale, es Marco Rosso. Le puedes encontrar en la posada de enfrente, dile que se…–De repente se pone pálido al ver entrar a un robusto y también canoso hombre con pinta de bucanero que se acerca rápidamente.– Hmm… bueno chaval, suerte… He de hablar con un viejo amigo.
Satisfecho, me acabo el vaso de ron y al cavo de diez minutos más o menos me voy. Justo al llegar a la puerta de salida todo el mundo giró sus cabezas para ver la pelea a puño limpio entre Billy Joe y ese viejo bucanero. Me voy de este sitio.
·1 Ferrán Corominas.
Por fin la había encontrado, allí estaba. Una compacta ciudad que apenas cabía en sus límites geográficos. Casas de piedra altas, de unas tres plantas cada una, encaraban hacia el mar, todas o casi todas con las luces encendidas -cosa que no había visto nunca en mi vida a estas horas-.
Se detuvo el barco en un pequeño muelle del puerto, -en el puerto no había demasiados barcos pero sorprendía que los barcos que había eran enormes- y, tras pagar unas monedas al barquero, desembarco yo sólo. Alzo la mirada y distingo los diferentes distritos de la ciudad: Enfrente mío (en el centro a ras de la costa) se encuentra el distrito portuario, básicamente se trata del amplio puerto, la lonja de pescadores, y unos pocos comercios y residencias; a mi izquierda, se encuentra el distrito comercial, allí se encuentran los pequeños comercios, los gremios de la ciudad y muchas residencias y algunas posadas; a mi derecha, castigada geográficamente debido a la proximidad de las montañas, se encuntra el distrito 3, también llamado distrito oscuro o distrito pobre donde la gente más humilde se agrupa en casas maltrechas viviendo en situaciones precarias. Es allí donde también se reúnen las peores personas de Tardalona; Justo en el centro de la ciudad se encuentra el distrito religioso, donde se destaca la gran iglesia de Santa Tecla, una iglesia neogótica demasiada grande para las necesidades de una ciudad que vive en el pecado; y, justo en la parte posterior del distrito religioso, sobre la montaña, se encuentra el distrito del palacio-fortaleza o distrito real. Allí es donde habitan las máximas autoridades civiles y militares de Tardalona en las mejores casas y donde habitaba el alcalde o gobernador de Tardalona Pompeu Bordas junto a todos sus sirvientes y guardias reales.
Desde cualquier punto de Tardalona se pueden distinguir y contemplar el campanario de la iglesia de Santa Tecla y el palacio-fortaleza real. Alzo la cabeza para contemplarlos y me doy cuenta que en la montaña, a mi derecha, un poco arriba del distrito 3 hay un pequeño incendio fuera del distrito, justo arriba. Bah, seguro que es el resultado entre una pelea de borrachos.
En la salida del puerto me encuentro con un guardia, se me acerca.
- Alto muchacho, ¿Cuántos años tienes?
- 17, señor…
-¿Señor? Jajaja, si la gente de por aquí fuese la mitad de educada que tú… En fin ¿Qué te trae por este sitio?
-Vengo, vengo por motivos familiares…
-¿Familiares? Ah, ya, bueno… Verás chaval, me tendrás que decir tu nombre completo, tu procedencia y me tendrás que entregar siete monedas de oro para el permiso de estancia.
-De acuerdo, aquí tiene las monedas –Se las entrego. Vaya, qué caro.– Me llamo Rafel Camuñas –Miento, por supuesto.– y soy de un pueblo cercano, Poble Nou.
-Muy bien joven –Apunta el nombre en una libreta y me da un pequeño pergamino donde pone "Permiso de Estancia".– ¡Bienvenido a Tardalona! Te recomiendo acudir a la taberna más popular “El gat Negre” situado en el distrito comercial, ¿sabes donde está, no? –Asiento – Ahí va todo el mundo.
-Muchas gracias guardia.
-Ah jajaja, disculpa, uno no oye esa expresión en este sitio todos los días… Que te vaya bien, chico, y ten cuidado, la gente aquí no es de fíar. –Se marcha andando.–
Justo cuando salgo del puerto había un cartel enorme que ponía “Permiso de estancia: Una moneda de plata” . ¡Maldita sea! Menuda novatada, bueno, mejor haber visto al guardia de buen humor… Ahora ya sé donde ir para obtener información.
Vale creo que es este sitio. Se trata de una casa alta de cuatro pisos donde a la vez la taberna hace de posada. El lugar parece amplio y en la puerta hay mucha gente tomando el aire o vomitando, olía a pis y a ron “El famoso olor a Tardalona”. Entro.
Era un amplio lugar, poco iluminado y estaba abarrotado, se podía ver gente de cualquier rincón del mundo en esta taberna, habían un par de esos llamados africanos, asiáticos o incluso moros, clases de persona que no había visto en mi vida. Sonaba música, se trataba de un trío: uno con una especie de violín, otro con algo parecido a una guitarra y otro con tambores, cantaban una canción popular llamada “Ron, siempre estaré contigo”. Entre la música, las charlas y los borrachos cantando el ruido era ensordecedor. Me acerco a un hombre que estaba sentado sólo y le muestro el único retrato de Blanca, mi hermana, hecho por un artista que paró una noche en nuestra granja durante una tormenta y como muestra de agradecimiento nos retrató en carboncillo. Este individuo olía fatal.
-No la la conozco, pero es muuy guapa, yo me la follaba jajajajaj…
-Disculpe señor, usted va demasiado borracho.
- ¿Sa sabes lo que pasa, sabes lo que pasa? Que tú, tú eres un puto crío ¿T ’ enteras?
Me dirijo a la barra, pues había un sitio vacío. Al lado de ese sitio había un viejo con un ojo vago. El mesero seguro que sabrá algo.
-Disculpe, ¿Está ocupado este sitio?
-Sí, está ocupado por mis mocos –Escupe en el taburete.– ¿Ves mocoso?
-¡Oh, vayase a la mierda!
-Jajajaja, me gustas chico, tienes carácter, ten, coge mi sitio, me da igual sentarme sobre mis gapos.–El viejo se levanta y en vez de sentarse en ese taburete escupido, le pega una patada y se va corriendo y gritando.
Me siento, llamo al mesero, se acerca. Se trataba de un hombre mayor, de unos sesenta años de edad, ojos claros. De pelo lacio, largo y atado. Era delgado y era bastante alto. Tenía una cara alargada con una mirada tristona y vestía con un traje marrón típico del momento. Portaba un sombrero rojizo de marinero.
-¿Qué tal chico?, no hagas caso al viejo Carreres, no está en sus cavales. me llamo William Joseph, pero me puedes llamar Billy Joe, bien, soy el encargado de este lugar, ten, invita la casa –Me extiende un vaso de Ron.– esto aquí es como el agua. ¿Qué te trae por aquí?.
-Verás –Le extiendo el retrato.– Busco a mi hermana, desapareció hace un año, mientras yo dormía y me llegó un chivatazo de que la habían llevado a esta ciudad. –Se lo doy.–
-Mmm –Lo examina.– Me suena y sí, creo haberla visto, ayer por la noche, con un italiano rico de esos que se vienen de fiesta. –Me devuelve el retrato.–
-¿Me puedes decir su nombre?
-Va, sí, porque ese chico es un auténtico gilipollas, un tal Marco Rossi, Russo…Vale, es Marco Rosso. Le puedes encontrar en la posada de enfrente, dile que se…–De repente se pone pálido al ver entrar a un robusto y también canoso hombre con pinta de bucanero que se acerca rápidamente.– Hmm… bueno chaval, suerte… He de hablar con un viejo amigo.
Satisfecho, me acabo el vaso de ron y al cavo de diez minutos más o menos me voy. Justo al llegar a la puerta de salida todo el mundo giró sus cabezas para ver la pelea a puño limpio entre Billy Joe y ese viejo bucanero. Me voy de este sitio.
sábado, 31 de julio de 2010
Tardalona 3
·3
Sólo hay una cosa peor que ser viejo: ser viejo y encima ser pobre y soltero. Giro mi cabeza y donde antes había todo un navío con una brava tripulación siempre con ganas de marcha, ahora sólo hay una pequeña barcaza de transporte con sólo 2 personas a bordo. Miro a la cristalina agua y me veo reflejado en ella: Donde antes había un temido capitán con una espesa melena negra como la pólvora, ahora sólo hay un viejo canoso pirata fracasado, una vieja gloria que vive de las batallas del pasado.
Todo comenzó hace más o menos cuarenta años en Londres. Cuando era un crío escocés de 17 años recién llegado a Inglaterra, un vagabundo sin familia que dependía del crimen para sobrevivir. Ocurrió que un día me alisto en un barco de la corona en busca de aventuras y de una vida mejor. Era un navío grandioso y enorme, pero carecía de nombre.
Por aquel tiempo salían cientos de barcos hacia el nuevo mundo y nuevas tierras en el sur, pero la Corona no nos quería allí, nos querían en el mediterráneo, en las costas españolas para "incordiar". ¿Incordiar? Con el paso del tiempo me di cuenta de que estaba rodeado de psicópatas locos y asesinos y eso me encantaba. Adoraba robar, saquear barcos y puertos españoles. El imperio español concentraba casi toda su flota en el caribe y nuestra presencia en su misma casa les tocaba realmente los cojones jajaja.
Con el paso del tiempo llegué a ser el capitán del navío -y hay que decirlo- por mis cojones escoceses así de grandes. Lo primero que hice fue bautizar al barco con el nombre "My girl's pussy", que, ojo, fue elegido absolutamente democráticamente por toda la tripulación a bordo.
No tardé mucho en encontrar un refugio, un escondite perfecto que nos mantenían escondidos de los jodidos barcos de los españoles. ¿Os lo imagináis? ¿Un lugar desconocido para los españoles donde se pueda esconder un barco de cien metros de eslora con una tripulación de setenta hombres? era de locos. Situado en una bahía muy cerrada, casi una albufera, cubierta por espesa vegetación y respaldada por una auténtica muralla natural de montañas, hacía de ese sitio el lugar idóneo para nosotros. Lo llamé "El Picadero", vale no es muy original, ya lo sé, pero es lo mejor que se me ocurrió en ese momento. Fue en ese lugar donde nos abastecimos y guardamos el oro de unos cuantos años -creedme era mucho, pero que MUCHO oro- hasta que llegaron esos dichosos condes franco-catalanes.
Defendimos El picadero a muerte, bueno casi a muerte, pues en el fondo yo y todos los muchachos teníamos los días contados, y eso lo sabíamos. Estábamos cagados.
Una mañana, durante el asedio, me di cuenta que los hijos de puta de mi tripulación me habían abandonado -¡Malditos piratas!-. Por suerte, aunque estaba sólo, me encontraba con la mayor parte del oro entonces mientras revisaban el refugio en búsqueda de supervivientes me coloqué en un sitio discreto y empecé a cavar y a cavar y a cavar para guardar todo el oro que pude. Creo que cavé un hoyo de casi cinco metros de profundidad y enterré todo el oro que encontré allí.
Buscando un bote para poder escapar, me topé con nada más ni nada menos que con trece marineros españoles. Ahora viene lo bueno, lo que ocirrió es que me los cargué a todos, a cada uno, con la misma pala de excavar que había utilizado poco antes y me llevé sus credenciales como trofeo -soy muy fetichista para esas cosas-. Milagrosamente logré escapar. Lo único malo, es que no me hice ningún mapa para saber donde exactamente lo escondí, pequeño contratiempo.
Mi hazaña no pasó por desapercibida y, una vez fundada Tardalona, tanto piratas como civiles han buscado incansablemente mi tesoro pero ninguno lo ha encontrado hasta la fecha, por eso me gane el mote "the digger", pues no sólo al parecer hice un pozo muy profundo sino que mi anécdota de la pala y los marineros fue tan popular que recorrió y llegó a los siete mares. Ese mote me dotó de cierta popularidad.
Me fui lejos de allí, muy lejos, me fui al nuevo mundo, viví en el sudeste asiático, pero con el paso del tiempo he perdido vigor y me he hecho viejo y pobre.
Ahora que ya tengo, creo, alrededor de sesenta años, regreso a "El Picadero", ahora llamado Tardalona, una ciudad nueva para mí y para casi todos, a "cobrar mi jubilación", quiero vivir lo mejor posible en mis últimos años de vida.
Me llamo Dave "the digger" James y he venido a por mi oro.
Pero, oh, ¡cuánto a cambiado este maldito sitio! ¡MALDITA SEA! ¡¿dónde coño está?!
Sólo hay una cosa peor que ser viejo: ser viejo y encima ser pobre y soltero. Giro mi cabeza y donde antes había todo un navío con una brava tripulación siempre con ganas de marcha, ahora sólo hay una pequeña barcaza de transporte con sólo 2 personas a bordo. Miro a la cristalina agua y me veo reflejado en ella: Donde antes había un temido capitán con una espesa melena negra como la pólvora, ahora sólo hay un viejo canoso pirata fracasado, una vieja gloria que vive de las batallas del pasado.
Todo comenzó hace más o menos cuarenta años en Londres. Cuando era un crío escocés de 17 años recién llegado a Inglaterra, un vagabundo sin familia que dependía del crimen para sobrevivir. Ocurrió que un día me alisto en un barco de la corona en busca de aventuras y de una vida mejor. Era un navío grandioso y enorme, pero carecía de nombre.
Por aquel tiempo salían cientos de barcos hacia el nuevo mundo y nuevas tierras en el sur, pero la Corona no nos quería allí, nos querían en el mediterráneo, en las costas españolas para "incordiar". ¿Incordiar? Con el paso del tiempo me di cuenta de que estaba rodeado de psicópatas locos y asesinos y eso me encantaba. Adoraba robar, saquear barcos y puertos españoles. El imperio español concentraba casi toda su flota en el caribe y nuestra presencia en su misma casa les tocaba realmente los cojones jajaja.
Con el paso del tiempo llegué a ser el capitán del navío -y hay que decirlo- por mis cojones escoceses así de grandes. Lo primero que hice fue bautizar al barco con el nombre "My girl's pussy", que, ojo, fue elegido absolutamente democráticamente por toda la tripulación a bordo.
No tardé mucho en encontrar un refugio, un escondite perfecto que nos mantenían escondidos de los jodidos barcos de los españoles. ¿Os lo imagináis? ¿Un lugar desconocido para los españoles donde se pueda esconder un barco de cien metros de eslora con una tripulación de setenta hombres? era de locos. Situado en una bahía muy cerrada, casi una albufera, cubierta por espesa vegetación y respaldada por una auténtica muralla natural de montañas, hacía de ese sitio el lugar idóneo para nosotros. Lo llamé "El Picadero", vale no es muy original, ya lo sé, pero es lo mejor que se me ocurrió en ese momento. Fue en ese lugar donde nos abastecimos y guardamos el oro de unos cuantos años -creedme era mucho, pero que MUCHO oro- hasta que llegaron esos dichosos condes franco-catalanes.
Defendimos El picadero a muerte, bueno casi a muerte, pues en el fondo yo y todos los muchachos teníamos los días contados, y eso lo sabíamos. Estábamos cagados.
Una mañana, durante el asedio, me di cuenta que los hijos de puta de mi tripulación me habían abandonado -¡Malditos piratas!-. Por suerte, aunque estaba sólo, me encontraba con la mayor parte del oro entonces mientras revisaban el refugio en búsqueda de supervivientes me coloqué en un sitio discreto y empecé a cavar y a cavar y a cavar para guardar todo el oro que pude. Creo que cavé un hoyo de casi cinco metros de profundidad y enterré todo el oro que encontré allí.
Buscando un bote para poder escapar, me topé con nada más ni nada menos que con trece marineros españoles. Ahora viene lo bueno, lo que ocirrió es que me los cargué a todos, a cada uno, con la misma pala de excavar que había utilizado poco antes y me llevé sus credenciales como trofeo -soy muy fetichista para esas cosas-. Milagrosamente logré escapar. Lo único malo, es que no me hice ningún mapa para saber donde exactamente lo escondí, pequeño contratiempo.
Mi hazaña no pasó por desapercibida y, una vez fundada Tardalona, tanto piratas como civiles han buscado incansablemente mi tesoro pero ninguno lo ha encontrado hasta la fecha, por eso me gane el mote "the digger", pues no sólo al parecer hice un pozo muy profundo sino que mi anécdota de la pala y los marineros fue tan popular que recorrió y llegó a los siete mares. Ese mote me dotó de cierta popularidad.
Me fui lejos de allí, muy lejos, me fui al nuevo mundo, viví en el sudeste asiático, pero con el paso del tiempo he perdido vigor y me he hecho viejo y pobre.
Ahora que ya tengo, creo, alrededor de sesenta años, regreso a "El Picadero", ahora llamado Tardalona, una ciudad nueva para mí y para casi todos, a "cobrar mi jubilación", quiero vivir lo mejor posible en mis últimos años de vida.
Me llamo Dave "the digger" James y he venido a por mi oro.
Pero, oh, ¡cuánto a cambiado este maldito sitio! ¡MALDITA SEA! ¡¿dónde coño está?!
martes, 27 de julio de 2010
Tardalona 2
·2
Ya era bastante tarde, hacía tiempo que la luna había salido y nosotros seguíamos cabalgando por este dichoso y maltrecho sendero.
Yo voy a la cabeza mientras mi acompañante Claude me sigue con todo mi equipaje. Sí, sólo somos dos porque en cualquier pueblo de esta zona nos recomendaron ser discretos por estas tierras plagadas de bandidos, y más si uno pertenece a cierta clase de nobleza como yo. Por eso marcho así de discreto, con esta capa marrón en este oscuro sendero alejado de la mano de Dios. De repente el camino se bifurca en dos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
-¡Claude!, ¿ Me puede dar el mapa?
-Por supuesto, monsieur Tardal, es suyo.- Me lo extiende.
-No, usted se equivoca, es de mi padre, que aunque esté muerto, sigue siendo suyo.- Lo cojo y lo examino.
-¿Y bien monsieur? ¿Cuál de los dos es nuestro camino?
-Me temo que ninguno de los dos Claude, nuestra dirección se encuentra en medio.
-Pero monsieur Tardal, ese "camino" es inaccesible para nuestros corceles.
-Seguiremos andando, según el mapa, no son más de mil quinientos pasos, habrá que desacerse de nuestros caballos...-Levanto la mirada y veo el pobre Claude mirándome con cara de desánimo por tener que abandonar su amado corcel Bordeaux.- Oh, de acuerdo, los ataremos en uno de esos árboles. Ahí estarán más o menos ocultos, y más a esta hora. Luego cuando usted regrese, podrá volver a por ellos, le regalo el mío, voy a estar un tiempo allí en Tardalona y no lo necesitaré.
-Oh, muchísimas gracias monsieur.
Empezamos a andar a través de esa espesa maleza mediterránea. Decir que eso es un camino parece una tomadura de pelo, pero sin embargo este viejo mapa es muy preciso y deja bien claro por donde hay que ir, aunque sea por encima de vegetación virgen, este mapa fue muy utilizado por mi padre y mi familia y nunca había fallado, y gracias a éste hasta ahora no nos habíamos perdido.
-Monsieur Tardal.
-¿Sí, Claude?
-¿Por qué ir a Tardalona? Dicen que sólo se trata de un mito que se inventó su familia.
-Pues verá, es un poco larga la historia... No estoy yendo a Tardalona, estoy regresando...
Hace más o menos treinta años, Tardalona, no existía, la encontró mi padre, el gran Luc du Tardal. Fue a él quien se le ocurrió limpiarla de la calaña que se amontonaba ahí para hacer una prospera ciudad fortaleza portuaria. Pero no podía hacerlo sólo y además de sus hombres, llamó a su hermano, mi tío, François o Francesc de Tardal. En mes y medio el asedio concluye con victoria para mi familia, pero mi padre acaba muriendo debido a una infección provocada por una herida en el asedio.
La ciudad queda en manos de mi tío, quien a partir de ahí me trató como a su propio hijo, que en eso de algo más de veinte años consigue hacer una ciudad medianamente próspera. Pero un par de años después fallece de manera extraña, dejando un testamento donde cedía sus posesiones, Tardalona incluída, al estúpido de su hijo, cosa muy rara pues siempre yo le había caído mucho mejor que a su propio hijo y siempre me había manifestado sus deseos de que yo herede Tardalona. Yo le conocía mejor que nadie y sabía que tanto su muerte como su testamento era un fraude, una conspiración.
Dicen que fue su hijo Jan de Tardal, pero ese chico es demasiado inocente y estúpido como para cometer tal acción. Estoy más que seguro que fue su mano derecha, Pompeu Bordas pues todos sabíamos que él deseaba governar la propia ciudad que él había edificado. Bordas modificó el testamento de manera inteligentemente sutil, pues si se hubiese puesto a sí mismo de heredero estaría cantado de que era un fraude. Lo modificó de tal manera que dio todas sus pertenencias a su único hijo Jan.
Jan siempre había manifestado su deseo de marcharse de ese aíslado sitio, así que no tardó en irse dejando Tardalona al segundo de la familia, Bordas. ¿Por qué no me lo dejó a mí? Porque no teníamos relación alguna, él me siempre me había envidiado por haber recibido mucho más afecto de su padre siendo yo su sobrino. Además él tenía una muy buena amistad con Pompeu desde hacía mucho tiempo.
Lo del mito que lo primero que hizo Bordas fue abrir quince tabernas es falso, lo primero que hizo fue desterrarme a Francia con mis otros parientes, luego ya montó sus bares y todo lo que quiso. Sabía que yo lo sospechaba, por eso me echó. Por suerte antes de ser expulsado cogí este, creo que único, mapa que revela la localización y el acceso por tierra de Tardalona. Y es ahora, ocho años después, cuando decido regresar a Tardalona.
-Buena historia, monsieur, pero ¿Por qué ocho años después?
-Me he estado entrenando, tanto física como psicológicamente, necesitaba también meditar cómo y qué debería hacer. He practicado algo de esgrima.- Le muestro detrás de la capa "le Vertueux", un magnífico sable de acero con la empuñadura dorada e inscripciones en plata.
-¿Y por qué vamos por tierra?
-Pues verá, hoy en día nadie viene por tierra a Tardalona, casi todo el mundo va por mar, y hay mucho control, sé que por tierra sólo hay un par de guardias fácilmente sobornables, es la mejor forma de entrar sin que se entere Bordas... Mire Claude, ¡ya veo las antorchas de Tardalona! Ahora deme mi equipaje y vuelva a su casa- Claude me pasa mi pesado equipaje y le entrego un saco con unas monedas de oro.
-Gracias monsieur, Una última pregunta, ¿por qué me cuenta todo esto?
-Verá Claude, puede que no regrese con vida de esta ciudad, puede que mi misión no salga exitosa. Necesito que alguien de confianza aunque sea humilde sepa la verdad, y ahora que puedo contárselo a alguien se lo cuento a usted.- Apoyo mi brazo sobre su hombro y le entrego el pergamino.- Ahora usted tiene el mapa, utilícelo para regresar a su casa, y, ya sabe, se queda con mi caballo.
-Cuídese señor, rezaré por usted con mi esposa todas las noches.
Sigo con la vista a Claude hasta que se pierde por el bosque, me giro y veo a lo lejos luces proveniente de una pequeña ciudad costera situada en una pequeña y escondida bahía, Tardalona. ¡Qué bella que era!. De pronto me viene la nostalgia de haber pasado los mejores momentos de mi vida en esta pequeña ciudad.
He de dejar estas nonterías ahora este sitio es muy diferente al de hace ocho años, he de andarme con cuidado. Mi misión empieza aquí.
Me llamo Dominique du Tardal y he venido a recuparar lo que es mío. Tardalona.
Ya era bastante tarde, hacía tiempo que la luna había salido y nosotros seguíamos cabalgando por este dichoso y maltrecho sendero.
Yo voy a la cabeza mientras mi acompañante Claude me sigue con todo mi equipaje. Sí, sólo somos dos porque en cualquier pueblo de esta zona nos recomendaron ser discretos por estas tierras plagadas de bandidos, y más si uno pertenece a cierta clase de nobleza como yo. Por eso marcho así de discreto, con esta capa marrón en este oscuro sendero alejado de la mano de Dios. De repente el camino se bifurca en dos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
-¡Claude!, ¿ Me puede dar el mapa?
-Por supuesto, monsieur Tardal, es suyo.- Me lo extiende.
-No, usted se equivoca, es de mi padre, que aunque esté muerto, sigue siendo suyo.- Lo cojo y lo examino.
-¿Y bien monsieur? ¿Cuál de los dos es nuestro camino?
-Me temo que ninguno de los dos Claude, nuestra dirección se encuentra en medio.
-Pero monsieur Tardal, ese "camino" es inaccesible para nuestros corceles.
-Seguiremos andando, según el mapa, no son más de mil quinientos pasos, habrá que desacerse de nuestros caballos...-Levanto la mirada y veo el pobre Claude mirándome con cara de desánimo por tener que abandonar su amado corcel Bordeaux.- Oh, de acuerdo, los ataremos en uno de esos árboles. Ahí estarán más o menos ocultos, y más a esta hora. Luego cuando usted regrese, podrá volver a por ellos, le regalo el mío, voy a estar un tiempo allí en Tardalona y no lo necesitaré.
-Oh, muchísimas gracias monsieur.
Empezamos a andar a través de esa espesa maleza mediterránea. Decir que eso es un camino parece una tomadura de pelo, pero sin embargo este viejo mapa es muy preciso y deja bien claro por donde hay que ir, aunque sea por encima de vegetación virgen, este mapa fue muy utilizado por mi padre y mi familia y nunca había fallado, y gracias a éste hasta ahora no nos habíamos perdido.
-Monsieur Tardal.
-¿Sí, Claude?
-¿Por qué ir a Tardalona? Dicen que sólo se trata de un mito que se inventó su familia.
-Pues verá, es un poco larga la historia... No estoy yendo a Tardalona, estoy regresando...
Hace más o menos treinta años, Tardalona, no existía, la encontró mi padre, el gran Luc du Tardal. Fue a él quien se le ocurrió limpiarla de la calaña que se amontonaba ahí para hacer una prospera ciudad fortaleza portuaria. Pero no podía hacerlo sólo y además de sus hombres, llamó a su hermano, mi tío, François o Francesc de Tardal. En mes y medio el asedio concluye con victoria para mi familia, pero mi padre acaba muriendo debido a una infección provocada por una herida en el asedio.
La ciudad queda en manos de mi tío, quien a partir de ahí me trató como a su propio hijo, que en eso de algo más de veinte años consigue hacer una ciudad medianamente próspera. Pero un par de años después fallece de manera extraña, dejando un testamento donde cedía sus posesiones, Tardalona incluída, al estúpido de su hijo, cosa muy rara pues siempre yo le había caído mucho mejor que a su propio hijo y siempre me había manifestado sus deseos de que yo herede Tardalona. Yo le conocía mejor que nadie y sabía que tanto su muerte como su testamento era un fraude, una conspiración.
Dicen que fue su hijo Jan de Tardal, pero ese chico es demasiado inocente y estúpido como para cometer tal acción. Estoy más que seguro que fue su mano derecha, Pompeu Bordas pues todos sabíamos que él deseaba governar la propia ciudad que él había edificado. Bordas modificó el testamento de manera inteligentemente sutil, pues si se hubiese puesto a sí mismo de heredero estaría cantado de que era un fraude. Lo modificó de tal manera que dio todas sus pertenencias a su único hijo Jan.
Jan siempre había manifestado su deseo de marcharse de ese aíslado sitio, así que no tardó en irse dejando Tardalona al segundo de la familia, Bordas. ¿Por qué no me lo dejó a mí? Porque no teníamos relación alguna, él me siempre me había envidiado por haber recibido mucho más afecto de su padre siendo yo su sobrino. Además él tenía una muy buena amistad con Pompeu desde hacía mucho tiempo.
Lo del mito que lo primero que hizo Bordas fue abrir quince tabernas es falso, lo primero que hizo fue desterrarme a Francia con mis otros parientes, luego ya montó sus bares y todo lo que quiso. Sabía que yo lo sospechaba, por eso me echó. Por suerte antes de ser expulsado cogí este, creo que único, mapa que revela la localización y el acceso por tierra de Tardalona. Y es ahora, ocho años después, cuando decido regresar a Tardalona.
-Buena historia, monsieur, pero ¿Por qué ocho años después?
-Me he estado entrenando, tanto física como psicológicamente, necesitaba también meditar cómo y qué debería hacer. He practicado algo de esgrima.- Le muestro detrás de la capa "le Vertueux", un magnífico sable de acero con la empuñadura dorada e inscripciones en plata.
-¿Y por qué vamos por tierra?
-Pues verá, hoy en día nadie viene por tierra a Tardalona, casi todo el mundo va por mar, y hay mucho control, sé que por tierra sólo hay un par de guardias fácilmente sobornables, es la mejor forma de entrar sin que se entere Bordas... Mire Claude, ¡ya veo las antorchas de Tardalona! Ahora deme mi equipaje y vuelva a su casa- Claude me pasa mi pesado equipaje y le entrego un saco con unas monedas de oro.
-Gracias monsieur, Una última pregunta, ¿por qué me cuenta todo esto?
-Verá Claude, puede que no regrese con vida de esta ciudad, puede que mi misión no salga exitosa. Necesito que alguien de confianza aunque sea humilde sepa la verdad, y ahora que puedo contárselo a alguien se lo cuento a usted.- Apoyo mi brazo sobre su hombro y le entrego el pergamino.- Ahora usted tiene el mapa, utilícelo para regresar a su casa, y, ya sabe, se queda con mi caballo.
-Cuídese señor, rezaré por usted con mi esposa todas las noches.
Sigo con la vista a Claude hasta que se pierde por el bosque, me giro y veo a lo lejos luces proveniente de una pequeña ciudad costera situada en una pequeña y escondida bahía, Tardalona. ¡Qué bella que era!. De pronto me viene la nostalgia de haber pasado los mejores momentos de mi vida en esta pequeña ciudad.
He de dejar estas nonterías ahora este sitio es muy diferente al de hace ocho años, he de andarme con cuidado. Mi misión empieza aquí.
Me llamo Dominique du Tardal y he venido a recuparar lo que es mío. Tardalona.
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