Casi está a punto de amanecer. LLevo bastantes meses así, durmiendo muy poco y viendo el amanecer todos los días. Mi tercer hijo murió ayer en la guerra, el último que me quedaba. Joder, no hay nada peor que enterrar a un hijo. Ahora vivo sólo en esta casa alejada de la mano de Dios, a salvo de la guerra pero en la triste soledad.
A lo largo de mi vida he visto muchas cosas. He visto las ataques aereos que parecían auroras boreales, he visto reflejos de las bombas nucleares, he visto masacres enteras y campos de cadaveres, he visto capitales arrasadas...He vitsto mucho, La mayoría trágico, por supuesto, pero lo único que he visto que me diese paz de verdad es el amanecer.
Está amaneciendo. No sé si el sol es el astro de mi signo, aunque tampoco sé de que signo soy. No sé si es porque simboliza lo único que da brillo en mi vida cuando no me queda nada. Parece estúpido pero cuando uno se convierte en un anciano desdichado empieza a valorar los detalles de la vida. Quizás eso me evade. Quizás me estoy volviendo loco.
El sol ya ha salido. Tengo que irme. tengo que abandonar esta casa una vez más para ver enterrar a mi hijo. No sé si llegaré, y menos si regresaré vivo. El camino es muy largo, y apenas me queda gasolina. Dudo que encuentre en el camino. No hay nada peor que ver enterrar a un hijo dije, pero debo despedirme.
Dejo la casa sóla, con la única protección de la luz del sol. Espero que sea suficiente.
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viernes, 4 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
Shake the disease
Ahí te veo, ahí estás. Yo te miro, pero tu simplemente me ves. No hay nada más especial para mí que tus saludos de la mañana. Todos los días es igual. Al salir a la calle, cuando te acompaño, al caminar bailas, vuelas. Es algo que no todos aprecian, te aprecio y mucho. Cuando te dejo en tu casa, camino sólo disfrutando de ese momento efímero pero especial que es estar a tu lado aunque sea un poco.
Ojalá pudiese romper el nudo que se me forma en mi garganta cada vez que intento decirte lo mucho que te quiero, lo mucho que te amo. Pero ese nudo puede ser que esté ahí por algo, no sé. Ojalá te pueda decir aunque sea un diez por ciento de lo que veo, de lo que siento.
Pero por lo menos sé que siempre estarás ahí, seguirás saludándome, seguiré acompañándote. Eres lo que me mueve día a día, aunque no lo sepas. Eres mi musa, eres todo lo que quiero. Sé que estarás ahí cuando pueda romper ese nudo de mi garganta. Te amo.
viernes, 10 de septiembre de 2010
Reflexión entre el selectivo
El peor enemigo…

¿Quién o qué es tu peor enemigo? Si lo pensamos ¿Es el peor enemigo el que te impide lograr tus objetivos o logros, tu antítesis? ¿O sería el que ejerciese de peor manera su papel de enemigo? en ese caso sería mi mejor amigo, ¿Por qué no? o más radical ¿No es la causa de tu existencia?. Yo creo que batman no sería batman sin el Joker, no creo que Superman sería Superman sin Lex Luthor. Todos y cada uno de estos ejemplos, aunque sean ficticios, nos dejan claro una cosa: No somos los mismos sin nuestros peores enemigos.
Muy bonito, pero ¿En la realidad existe el peor enemigo? ¿Tengo yo algún peor enemigo?… Creo que le puedo caer mal a alguien o puede que no me lleve nada bien con otro pero esto queda ahí, seguimos sin enemigos y menos sin peores enemigos.
Después de un tedioso día de exámenes me he dado cuenta que no hay peor enemigo que uno mismo, somos tanto capaces de lo mejor como de lo peor. Soy capaz de la máxima fluidez de ideas como del mas férreo bloqueo de mi pensamiento. Somos el origen de casi la mayoría de nuestros males como también somos el origen de casi todos los milagros que nos ocurren, por mínimos que sean.
Pero de estos males y de estas bendiciones, al igual que Batman con el joker o Superman con Lex, su existencia dependen una de la otra. Nunca valoraremos una bendición de la vida si nunca hemos tenido un momento malo. No es que Batman no sería el mismo sin el Joker, resulta que Batman es el Joker. Superman es Lex Luthor. El Barça es el Madrid. Antes hablaba de dualismo, ahora digo unidad. Mi mejor amigo es mi peor enemigo. Y ambos sólo pueden ser una persona.
Yo.
¿Tú?
Otro.

¿Quién o qué es tu peor enemigo? Si lo pensamos ¿Es el peor enemigo el que te impide lograr tus objetivos o logros, tu antítesis? ¿O sería el que ejerciese de peor manera su papel de enemigo? en ese caso sería mi mejor amigo, ¿Por qué no? o más radical ¿No es la causa de tu existencia?. Yo creo que batman no sería batman sin el Joker, no creo que Superman sería Superman sin Lex Luthor. Todos y cada uno de estos ejemplos, aunque sean ficticios, nos dejan claro una cosa: No somos los mismos sin nuestros peores enemigos.
Muy bonito, pero ¿En la realidad existe el peor enemigo? ¿Tengo yo algún peor enemigo?… Creo que le puedo caer mal a alguien o puede que no me lleve nada bien con otro pero esto queda ahí, seguimos sin enemigos y menos sin peores enemigos.
Después de un tedioso día de exámenes me he dado cuenta que no hay peor enemigo que uno mismo, somos tanto capaces de lo mejor como de lo peor. Soy capaz de la máxima fluidez de ideas como del mas férreo bloqueo de mi pensamiento. Somos el origen de casi la mayoría de nuestros males como también somos el origen de casi todos los milagros que nos ocurren, por mínimos que sean.
Pero de estos males y de estas bendiciones, al igual que Batman con el joker o Superman con Lex, su existencia dependen una de la otra. Nunca valoraremos una bendición de la vida si nunca hemos tenido un momento malo. No es que Batman no sería el mismo sin el Joker, resulta que Batman es el Joker. Superman es Lex Luthor. El Barça es el Madrid. Antes hablaba de dualismo, ahora digo unidad. Mi mejor amigo es mi peor enemigo. Y ambos sólo pueden ser una persona.
Yo.
¿Tú?
Otro.
sábado, 31 de julio de 2010
Tardalona 3
·3
Sólo hay una cosa peor que ser viejo: ser viejo y encima ser pobre y soltero. Giro mi cabeza y donde antes había todo un navío con una brava tripulación siempre con ganas de marcha, ahora sólo hay una pequeña barcaza de transporte con sólo 2 personas a bordo. Miro a la cristalina agua y me veo reflejado en ella: Donde antes había un temido capitán con una espesa melena negra como la pólvora, ahora sólo hay un viejo canoso pirata fracasado, una vieja gloria que vive de las batallas del pasado.
Todo comenzó hace más o menos cuarenta años en Londres. Cuando era un crío escocés de 17 años recién llegado a Inglaterra, un vagabundo sin familia que dependía del crimen para sobrevivir. Ocurrió que un día me alisto en un barco de la corona en busca de aventuras y de una vida mejor. Era un navío grandioso y enorme, pero carecía de nombre.
Por aquel tiempo salían cientos de barcos hacia el nuevo mundo y nuevas tierras en el sur, pero la Corona no nos quería allí, nos querían en el mediterráneo, en las costas españolas para "incordiar". ¿Incordiar? Con el paso del tiempo me di cuenta de que estaba rodeado de psicópatas locos y asesinos y eso me encantaba. Adoraba robar, saquear barcos y puertos españoles. El imperio español concentraba casi toda su flota en el caribe y nuestra presencia en su misma casa les tocaba realmente los cojones jajaja.
Con el paso del tiempo llegué a ser el capitán del navío -y hay que decirlo- por mis cojones escoceses así de grandes. Lo primero que hice fue bautizar al barco con el nombre "My girl's pussy", que, ojo, fue elegido absolutamente democráticamente por toda la tripulación a bordo.
No tardé mucho en encontrar un refugio, un escondite perfecto que nos mantenían escondidos de los jodidos barcos de los españoles. ¿Os lo imagináis? ¿Un lugar desconocido para los españoles donde se pueda esconder un barco de cien metros de eslora con una tripulación de setenta hombres? era de locos. Situado en una bahía muy cerrada, casi una albufera, cubierta por espesa vegetación y respaldada por una auténtica muralla natural de montañas, hacía de ese sitio el lugar idóneo para nosotros. Lo llamé "El Picadero", vale no es muy original, ya lo sé, pero es lo mejor que se me ocurrió en ese momento. Fue en ese lugar donde nos abastecimos y guardamos el oro de unos cuantos años -creedme era mucho, pero que MUCHO oro- hasta que llegaron esos dichosos condes franco-catalanes.
Defendimos El picadero a muerte, bueno casi a muerte, pues en el fondo yo y todos los muchachos teníamos los días contados, y eso lo sabíamos. Estábamos cagados.
Una mañana, durante el asedio, me di cuenta que los hijos de puta de mi tripulación me habían abandonado -¡Malditos piratas!-. Por suerte, aunque estaba sólo, me encontraba con la mayor parte del oro entonces mientras revisaban el refugio en búsqueda de supervivientes me coloqué en un sitio discreto y empecé a cavar y a cavar y a cavar para guardar todo el oro que pude. Creo que cavé un hoyo de casi cinco metros de profundidad y enterré todo el oro que encontré allí.
Buscando un bote para poder escapar, me topé con nada más ni nada menos que con trece marineros españoles. Ahora viene lo bueno, lo que ocirrió es que me los cargué a todos, a cada uno, con la misma pala de excavar que había utilizado poco antes y me llevé sus credenciales como trofeo -soy muy fetichista para esas cosas-. Milagrosamente logré escapar. Lo único malo, es que no me hice ningún mapa para saber donde exactamente lo escondí, pequeño contratiempo.
Mi hazaña no pasó por desapercibida y, una vez fundada Tardalona, tanto piratas como civiles han buscado incansablemente mi tesoro pero ninguno lo ha encontrado hasta la fecha, por eso me gane el mote "the digger", pues no sólo al parecer hice un pozo muy profundo sino que mi anécdota de la pala y los marineros fue tan popular que recorrió y llegó a los siete mares. Ese mote me dotó de cierta popularidad.
Me fui lejos de allí, muy lejos, me fui al nuevo mundo, viví en el sudeste asiático, pero con el paso del tiempo he perdido vigor y me he hecho viejo y pobre.
Ahora que ya tengo, creo, alrededor de sesenta años, regreso a "El Picadero", ahora llamado Tardalona, una ciudad nueva para mí y para casi todos, a "cobrar mi jubilación", quiero vivir lo mejor posible en mis últimos años de vida.
Me llamo Dave "the digger" James y he venido a por mi oro.
Pero, oh, ¡cuánto a cambiado este maldito sitio! ¡MALDITA SEA! ¡¿dónde coño está?!
Sólo hay una cosa peor que ser viejo: ser viejo y encima ser pobre y soltero. Giro mi cabeza y donde antes había todo un navío con una brava tripulación siempre con ganas de marcha, ahora sólo hay una pequeña barcaza de transporte con sólo 2 personas a bordo. Miro a la cristalina agua y me veo reflejado en ella: Donde antes había un temido capitán con una espesa melena negra como la pólvora, ahora sólo hay un viejo canoso pirata fracasado, una vieja gloria que vive de las batallas del pasado.
Todo comenzó hace más o menos cuarenta años en Londres. Cuando era un crío escocés de 17 años recién llegado a Inglaterra, un vagabundo sin familia que dependía del crimen para sobrevivir. Ocurrió que un día me alisto en un barco de la corona en busca de aventuras y de una vida mejor. Era un navío grandioso y enorme, pero carecía de nombre.
Por aquel tiempo salían cientos de barcos hacia el nuevo mundo y nuevas tierras en el sur, pero la Corona no nos quería allí, nos querían en el mediterráneo, en las costas españolas para "incordiar". ¿Incordiar? Con el paso del tiempo me di cuenta de que estaba rodeado de psicópatas locos y asesinos y eso me encantaba. Adoraba robar, saquear barcos y puertos españoles. El imperio español concentraba casi toda su flota en el caribe y nuestra presencia en su misma casa les tocaba realmente los cojones jajaja.
Con el paso del tiempo llegué a ser el capitán del navío -y hay que decirlo- por mis cojones escoceses así de grandes. Lo primero que hice fue bautizar al barco con el nombre "My girl's pussy", que, ojo, fue elegido absolutamente democráticamente por toda la tripulación a bordo.
No tardé mucho en encontrar un refugio, un escondite perfecto que nos mantenían escondidos de los jodidos barcos de los españoles. ¿Os lo imagináis? ¿Un lugar desconocido para los españoles donde se pueda esconder un barco de cien metros de eslora con una tripulación de setenta hombres? era de locos. Situado en una bahía muy cerrada, casi una albufera, cubierta por espesa vegetación y respaldada por una auténtica muralla natural de montañas, hacía de ese sitio el lugar idóneo para nosotros. Lo llamé "El Picadero", vale no es muy original, ya lo sé, pero es lo mejor que se me ocurrió en ese momento. Fue en ese lugar donde nos abastecimos y guardamos el oro de unos cuantos años -creedme era mucho, pero que MUCHO oro- hasta que llegaron esos dichosos condes franco-catalanes.
Defendimos El picadero a muerte, bueno casi a muerte, pues en el fondo yo y todos los muchachos teníamos los días contados, y eso lo sabíamos. Estábamos cagados.
Una mañana, durante el asedio, me di cuenta que los hijos de puta de mi tripulación me habían abandonado -¡Malditos piratas!-. Por suerte, aunque estaba sólo, me encontraba con la mayor parte del oro entonces mientras revisaban el refugio en búsqueda de supervivientes me coloqué en un sitio discreto y empecé a cavar y a cavar y a cavar para guardar todo el oro que pude. Creo que cavé un hoyo de casi cinco metros de profundidad y enterré todo el oro que encontré allí.
Buscando un bote para poder escapar, me topé con nada más ni nada menos que con trece marineros españoles. Ahora viene lo bueno, lo que ocirrió es que me los cargué a todos, a cada uno, con la misma pala de excavar que había utilizado poco antes y me llevé sus credenciales como trofeo -soy muy fetichista para esas cosas-. Milagrosamente logré escapar. Lo único malo, es que no me hice ningún mapa para saber donde exactamente lo escondí, pequeño contratiempo.
Mi hazaña no pasó por desapercibida y, una vez fundada Tardalona, tanto piratas como civiles han buscado incansablemente mi tesoro pero ninguno lo ha encontrado hasta la fecha, por eso me gane el mote "the digger", pues no sólo al parecer hice un pozo muy profundo sino que mi anécdota de la pala y los marineros fue tan popular que recorrió y llegó a los siete mares. Ese mote me dotó de cierta popularidad.
Me fui lejos de allí, muy lejos, me fui al nuevo mundo, viví en el sudeste asiático, pero con el paso del tiempo he perdido vigor y me he hecho viejo y pobre.
Ahora que ya tengo, creo, alrededor de sesenta años, regreso a "El Picadero", ahora llamado Tardalona, una ciudad nueva para mí y para casi todos, a "cobrar mi jubilación", quiero vivir lo mejor posible en mis últimos años de vida.
Me llamo Dave "the digger" James y he venido a por mi oro.
Pero, oh, ¡cuánto a cambiado este maldito sitio! ¡MALDITA SEA! ¡¿dónde coño está?!
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